Santo Domingo.— El dirigente político Yayo Sanz Lovatón expresó públicamente su respaldo a David Collado, a quien definió como el representante de una nueva generación preparada para asumir mayores responsabilidades en la conducción del país.
En su artículo
“El momento de David”, publicado en Listín Diario, Sanz Lovatón destacó la
trayectoria, disciplina y resultados de Collado como diputado, alcalde del
Distrito Nacional y ministro de Turismo, cualidades que lo han consolidado como
una de las principales figuras del escenario político nacional.
Yayo también
dejó ver la fortaleza territorial y las relaciones políticas que ha construido
dentro del PRM, tras recorrer el país y sostener encuentros con senadores,
diputados, alcaldes y dirigentes. Ese liderazgo y capacidad de articulación
interna se suman ahora al proyecto político de David Collado.
“Ha llegado el
momento de unificar esfuerzos y presentar a la sociedad una propuesta probada y
novedosa”, afirmó Sanz Lovatón, concluyendo con un mensaje directo de respaldo:
“Conmigo cuentas, David. ¡Vamos!”.
El momento de
David
Eduardo Sanz
Lovaton
La República
Dominicana vive, como el mundo entero, un momento transformador. Fue el primer
ministro de Canadá, Mark Carney, quien mejor lo expresó: asistimos a la ruptura
del orden mundial que emergió de la Segunda Guerra Mundial. Los consensos que
sostuvieron el libre comercio dan paso a un mundo distinto, todavía en
formación. Años de pandemia, de guerras y de cambios tecnológicos, donde la
inteligencia artificial transforma la manera en que lo hacemos todo, nos
presentan un mundo incierto.
En medio de esa incertidumbre, la República Dominicana ha tenido la bendición de contar con Luis. Un presidente que ha sabido sortear la ola, con estadísticas que no dejan lugar a dudas: el crecimiento económico más importante de América Latina, récords en turismo y en exportaciones, hambre cero. Pero su legado no es solo económico. Es institucionalidad: el fin del caudillismo y un Ministerio Público independiente.
David ColladoArchivo/LD
Como si los
retos geopolíticos y tecnológicos fueran pocos, un clima comunicacional cada
vez más severo nos retrata una sociedad en plena confrontación. Los fenómenos
que crecen en las redes sociales pueden ser hoy más influyentes que cualquier
sector tradicional, y una tendencia puede pesar más que una ley. Eso nos obliga
a ser más enérgicos en la defensa de nuestros valores.
Ese legado no
se puede defender desde la ambición personal, por legítima que sea. No puede
ser la segunda prioridad de quienes hemos sido testigos de esta historia. Como
dije hace unos días: debemos defender lo colectivo, no lo individual.
Así se le
presentan las cosas a una generación que gobierna junto a Luis y que aspira a
continuar su obra, mejorándola, para defender su legado. Una generación que
tiene los libros de historia de guía: sabemos lo que se logró cuando la causa
fue más grande que los nombres, y sabemos que cada vez que fue al revés, el
precio no lo pagó el partido, lo pagó la República Dominicana perdiendo años
que no le sobraban.
Por eso,
después de caminar el país palmo a palmo durante casi dos años; de haber
reunido un equipo que cuenta con senadores como los de Samaná, La Altagracia,
San Francisco y Pedernales; con diputados y diputadas de todo el país; con
alcaldes de algunas de las principales ciudades, como Dío en Santo Domingo
Este, Alex en San Francisco de Macorís o Leo en El Seibo; y más que estas
figuras, con amigos y compañeras en todos los rincones del territorio; y
después de haber vivido la fundación de este partido como su Secretario de
Finanzas desde el día cero, puedo afirmar, luego de ver, escuchar y sentir, que
llegó el momento de nuestra generación. Una generación nacida a finales de los
setenta y principios de los ochenta, que debe asumir la antorcha en este momento.
Con madurez, y con el realismo que hace falta para poder soñar.
El
representante de esa generación no es otro que David Collado.
Lo dicen las
encuestas, sí. Lo dice su trabajo en Turismo y como Alcalde de la ciudad de
Santo Domingo. Pero más que eso, lo dice una historia de sacrificio que anuncia
su futuro. David está formado, ha sido disciplinado, y sus resultados lo han
colocado en el sitial que hoy se encuentra: el diputado más votado, el alcalde
que venció al Estado, el ministro que logra y logra. Tengo con él una amistad
forjada en la Anacaona y el Millón de los noventa, de un Santo Domingo que ya
solo vive en nuestra memoria. David es circunspecto y reservado, sí, quizás
hasta tímido. Pero es profundo en su formación, riguroso en su método, tenaz en
sus propósitos.
Les cuento
esta historia. Corría el lejano año 2005. Yo trabajaba con Hatuey en lo que era
el PRSD y aspiraba a diputado. Él me llamó para reunirnos, y aquella reunión
fue en la Abraham Lincoln, por donde estaba, y aún está, HYH. No tenía forma de
saberlo entonces, pero esa fue una de las primeras veces que vi una práctica
suya que con los años me tendría harto, porque siempre terminaba teniendo
razón: me enseñó su primera encuesta, donde ya salía puntero entre todos los
que aspirábamos. Lo llevé a conocer a Hatuey, quien para mi sorpresa ¡le
ofreció mi candidatura! Él, con mucha educación, se negó, y después me dijo que
irse del PRD en ese momento era una locura. Un año más tarde, yo perdería las
elecciones y a él le robarían su candidatura.
Si adelantamos
el reloj veinte y tantos años, habría que sumar los logros de un profesional
del derecho con los de un emprendedor que se inició en el comercio y terminó
formando parte de grandes empresas financieras y de distribución. Dos carreras
políticas donde uno jamás ha perdido y el otro jamás se ha rendido. Dos
testigos de la lucha de Luis por llegar al poder: yo lo acompañé desde el
principio, y en él no ha tenido Luis un más cercano colaborador.
El momento es
ahora: unificarnos y presentarle a la sociedad, frente a tantos retos, una
propuesta probada y novedosa. Porque las decisiones que unen tienen valor
cuando todavía se pueden tomar. Cada vez que hemos empujado en la misma
dirección, la República Dominicana avanzó. Cada vez que nos dividimos, se
detuvo. Esa es toda la historia, y no tiene más misterio.
Conmigo
cuentas, David.
¡Vamos!

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