Por Francis Frias
La persistente deficiencia en el suministro eléctrico está llevando a la población al límite de su paciencia. La indignación generalizada ha colocado a la ciudadanía en una postura defensiva que, de no ser atendida con urgencia, podría desencadenar protestas sociales de gran magnitud e incalculables consecuencias.
El problema
trasciende la simple molestia por la falta de luz; se ha convertido en una
crisis que afecta la salud mental y el bienestar emocional de la gente. Vivir
bajo la incertidumbre constante de no saber cuándo regresará la energía genera
estados de ansiedad y estrés colectivo, convirtiendo el entorno social en una
bomba de tiempo.
Lo más
alarmante e indignante de esta situación es el ensordecedor silencio
institucional. Ningún funcionario del sistema eléctrico, ni autoridad
competente, ha salido a dar la cara ni a brindar una explicación técnica,
transparente y honesta sobre lo que realmente está ocurriendo. La falta de
empatía y la ausencia de respuestas oficiales son percibidas por el pueblo como
una falta de respeto inaceptable.
Esto que está
sucediendo significa que la Economía doméstica esta destruida, decenas de
familias han visto dañarse los electrodomésticos que con tanto esfuerzo
adquirieron. Para muchos, la nevera no es un lujo, sino la herramienta de
trabajo con la que fabrican helados caseros o conservan alimentos para
sustentar a sus hijos.
De la misma
manera las microempresas paralizadas, pequeños negocios como salones de
belleza, talleres y comercios locales, que sustentan el día a día de cientos de
mujeres y familias trabajadoras, se encuentran al borde de la quiebra al no
poder operar con normalidad.
Señores: La calidad
de vida se está deteriorando, con decenas de interrupciones que se repiten sin
tregua, tanto de día como de noche, la población enfrenta temperaturas
sofocantes sin siquiera poder encender un abanico para mitigar el calor.
La provincia
María Trinidad Sánchez por la dignidad de su gente, el esfuerzo de sus sectores
productivos, la solidez de sus instituciones y su activa vida comunitaria y
religiosa, no merece el abandono al que está siendo sometida. Exigimos que las
autoridades correspondientes rompan el silencio, asuman su responsabilidad y
presenten de inmediato un plan de solución definitivo a esta crisis energética.
El respeto al
pueblo se demuestra con respuestas y hechos, no con la indiferencia.
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