SE NOS FUE UN POETA: ISIDRO VENTURA

martes, 9 de junio de 2026

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com


Por Francis Frias

Cuando un poeta se marcha, no se va del todo; se queda suspendido entre las líneas que escribió y en la memoria de quienes alguna vez encontraron refugio en sus palabras. La muerte de un creador de versos no es un silencio

absoluto, sino el eco prolongado de una voz que supo traducir el alma humana.

Cuando un poeta se va, el silencio queda las palabras.

Se dice con frecuencia que los artistas alcanzan la inmortalidad a través de su obra, pero cuando un poeta se va, el mundo experimenta un tipo de orfandad muy particular. No se apaga una luz cualquiera; se cierra una ventana única a través de la cual contemplábamos la realidad, el amor, el dolor y el misterio de la existencia.

Isidro Ventura fue un poeta, por definición, un guardián de lo invisible. Le daba belleza a lo cotidiano, le daba nombre a las tristezas que no sabemos cómo explicar y el prestaba su voz a los sentimientos más profundos de una comunidad. Por eso, su partida física deja un vacío que se siente denso, como una página en blanco que nadie más sabrá cómo llenar.

Sin embargo, la muerte de un poeta es también una paradoja. A diferencia de otros adioses, el suyo viene acompañado de un eco imperecedero.

Cuando un poeta calla:

Sus versos cobran nueva vida: Las metáforas se resignifican. Aquellos poemas que hablaban de la brevedad del tiempo o de la despedida se transforman en su propio epitafio y en su victoria contra el olvido.

La herencia se vuelve colectiva: Sus palabras dejan de pertenecerle del todo para transformarse en el patrimonio emocional de sus lectores. Cada vez que alguien recita una de sus líneas, el poeta vuelve a respirar.

Se abre el espacio para la memoria: La comunidad, los amigos y los creadores se reúnen no solo para lamentar la pérdida, sino para celebrar el mapa de sentimientos que Isidro trazó en vida.

La tinta tiene una resistencia tenaz contra el tiempo. Los gobiernos pasan, las infraestructuras se deterioran, las épocas cambian, pero el poema permanece intacto, latiendo con la misma intensidad con la que fue concebido, por eso las letras, los poemas de Isidro Ventura siempre estarán presentes en cada uno de nosotros.

Cuando un poeta se va, nos queda la tarea de ser los custodios de su fuego. Nos corresponde abrir sus libros, repasar sus versos y permitir que su sensibilidad siga transformando el mundo. Porque un poeta solo muere de verdad cuando se le deja de leer; mientras haya una mirada que se detenga en sus letras, su voz seguirá siendo un faro en la penumbra.

Isidro Ventura, tu partida es la de un creador y no es un punto final, sino un punto y seguido en la gran literatura de la vida.

Vete con Dios hermano, colega locutor, que tristeza tengo, porque viniste a mi casa a saludarme y no estaba, parece era la despedida.

Descansa en Paz.


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