Victor Wembanyama se lamenta: estuvo a un tiro de lograr el triunfo para los Spurs ante los Knicks en el segundo juego de Finales NBA. AP
Bruno Altieri/ESPNDEPORTES
Victor Wembanyama tiene solo 22 años. Las Finales entre Spurs y Knicks no solo significan la primera definición de su carrera, sino que es su primera aventura en postemporada. Este viernes por la noche, en el Frost Bank Center de San Antonio, cometió tres errores consecutivos
en el cierre que le costaron el partido a su equipo."Metí la
pata... ¿Me voy a arrepentir? Por supuesto. ¿Usaré eso como combustible para
mí, para nosotros, de cara al próximo partido? Absolutamente".
Esa
declaración de Wemby, cargado de frustración, atormentado por sus decisiones,
llegó casi de inmediato en la sala de conferencia, ante un panel abarrotado de
periodistas. Wembanyama no esquivó los dardos. No puso excusas. Simplemente
miró a la cara a cada uno de los hombres presentes y aceptó el peso de sus
decisiones. Una declaración que bien podría haber salido de la boca de Kobe
Bryant en sus años dorados con Los Angeles Lakers.
Lo cierto es
que el unicornio francés empujó una recuperación increíble de su equipo en el
segundo tiempo. Levantaron 14 puntos en el último cuarto y Wemby hizo 22
unidades en ese lapso. Metió una bandeja en transición para poner a su equipo
104-102 arriba en el marcador. Jalen Brunson empató el juego y en las últimas
tres posesiones llegaron errores en fila que costaron el juego.
Error número
1: tiro en suspensión largo ante Mitchell Robinson
Lo más
importante que puede provocar Wembanyama ocurre en situaciones cercanas al aro.
El cansancio influye, por supuesto, pero Wemby en vez de atacar el aro, con el
juego igualado, decidió tomar un tiro incómodo, demasiado lejos para ser un
doble, demasiado cerca para ser un triple. Ni una cosa ni la otra. Falló el
lanzamiento y le regaló una posesión clave a los Knicks que no aprovecharon.
Error número
2: la pérdida de balón por pase fallido a Stephon Castle
y la falta a Brunson
Esto fue una
puñalada para los fanáticos de San Antonio. Brunson, que venía de anotar un
tiro increíble, falló su lanzamiento, Wembanyama tomó el rebote en la salida en
transición y le pasó el balón a Castle, quien corrió rápido hacia el otro
costado sin ver. Nunca el error es del receptor, siempre es del pasador. Era la
posesión para ganar o al menos ir a tiempo extra. En este caso, la pelota le
rebotó en la espalda, Brunson lo tomó con pocos segundos en el reloj y Wemby le
hizo falta de manera desesperada. Viajó a la línea de libres y anotó uno de
dos. Había chances para un tiro decisivo.
Error número
3: el lanzamiento fallado de Wemby
Mitch Johnson
pidió tiempo muerto y en la salida, el balón entró para De'Aaron Fox. Jugó un
pick and roll con Wemby, quien recibió en el codo del tiro libre. En 45 grados,
tuvo un lanzamiento cómodo, de buena efectividad, pero lo falló y con eso fue
el 2-0 para los Knicks. Un dato: el francés tiene ahora 1-9 en tiros para pasar
al frente con menos de cinco segundos en el último cuarto o tiempo extra en su
carrera. La única vez que lo consiguió fue el 19 de marzo pasado ante Phoenix
Suns.
Lo de Wemby
está lejos de ser una pesadilla. Se trata, ni más ni menos, que de la curva
lógica de aprendizaje que salteó una etapa con el triunfo ante Oklahoma City
Thunder. Forma parte de la lógica del atleta de elite. En esta serie, ha
encontrado una dificultad que antes no tenía y se llama Karl Anthony-Towns. Un
atleta sufrido, de 30 años, que si bien todavía no peina canas, tiene miles de
batallas en el lomo para saber qué hay que hacer para ganar esta clase de
partidos.
Towns promedia
1.20 puntos por jugada contra Wemby como defensor. Y Wemby, contra Towns, solo
0.73. No solo eso: está lanzando 35% de campo contra él y en ese mano a mano
perdió cinco pelotas en la serie. El dominicano usa su físico, sus intangibles,
su peso, su experiencia, para lograr su cometido. Y lo está logrando.
La historia
del básquetbol está llena de esta clase de momentos que son puro veneno para
los atletas. Le pasó a los Knicks frente a Indiana Pacers, cuando Tyrese
Haliburton les ahogó el pasaje a las Finales. Le pasó a los Spurs de 2014
cuando tenían el juego ganado en Miami y Ray Allen mandó el partido a tiempo
extra, situación que les costó la serie y el campeonato. Al año siguiente, con
el aprendizaje a cuestas, tomaron revancha de Dwyane Wade, LeBron James y
compañía para que el Big Four (Tony Parker, Manu Ginóbili, Tim Duncan y Kawhi
Leonard), a las órdenes de Gregg Popovich, se quedara con el título.
Pasaron ya
doce años de aquella gran alegría, pero en el juego, pasan esta clase de cosas.
El básquetbol te da y te quita. Decía Ernest Hemingway: "Olvídate de tu
tragedia personal. Todos estamos malditos desde el principio, y tú, en
particular, tienes que sufrir muchísimo antes de poder escribir en serio. Pero
cuando sientas ese dolor, úsalo; no hagas trampa con él"
Esta frase de
un genio, sobre la literatura, bien puede aplicar al deporte. Wembanyama aún
tiene mucho por padecer, por disfrutar, por vivir.
Será antes,
será después, pero tarde o temprano será.
Solo cumple
los sueños quien resiste.
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