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RECORDANDO A EVARISTO GUZMAN DIEZ AÑOS DESPUÉS DE SU PARTIDA

sábado, 16 de abril de 2016

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com
En el muro de Facebook encontré este escrito compartido por Edwin Guzmán García, léalo detenidamente y medítelo. Siempre descansa en paz Evaristo.
Queridos hermanos:
Hoy día 15 de abril de 2015 se cumplen 10 años de la partida de nuestro amado Evaristo a la Casa del Padre.
Recordándolo con profundo amor y dando gracias a Dios por su vida y por todo el ejemplo que nos dio, queremos compartir con ustedes algunos párrafos de la última carta que nos dirigió, mientras esperaba el trasplante de médula que le harían.
Sus palabras nos hablan al corazón y nos traen el dulce recuerdo de su presencia de cuando lo tuvimos entre nosotros. Gracias Evaristo por el regalo de tu vida: un verdadero don de Dios para todos nosotros.
Con profundo amor les abrazo, enviando nuestro cariño a Yolanda, a sus hijos y nietecitos.
Fraternalmente,
Maria
CARTA DE EVARISTO A LOS SIERVOS DE CRISTO VIVO:
COMO BUEN SOLDADO DE CRISTO
Quiero decir que yo estoy preparándome con la oración, alimentándome con la Santísima Eucaristía, y enriqueciendo mi espíritu con mi Breviario, con mi Liturgia de las Horas, la Palabra de Dios, para que el Señor me prepare como un buen soldado de Cristo, que es lo que he aspirado toda mi vida. Como dice San Pablo: “Como buen soldado de Cristo, saca de la gracia que Dios te ha dado, y soporta los sufrimientos con fuerza, con valentía” (II Timoteo 2, -7).
NO VOY A ESTAR SOLO ALLÍ
Yo sé que no voy a estar solo allí (cuando me hagan el transplante). Es la primera vez en mi vida que estaré aislado. Nunca he vivido esta experiencia. Me imagino que debe ser muy fuerte porque todos ustedes saben que yo por naturaleza soy muy familiar, muy conversador. Pero tengo la esperanza de que el Señor me va a sumergir en el Océano Infinito de su Misericordia. Me tomará. Me hará compañía con San José, la Santísima Virgen María. Yo sé, de una manera muy especial, que estará el Padre Emiliano. Estarán todos los santos amigos nuestros, intercesores nuestros. Y ellos no van a permitir que me sienta solo. Además, estará toda la Comunidad conmigo pues estamos en comunión, somos una sola cosa, a pesar de nuestras debilidades, y de nuestros caracteres diferentes. Yo se que esa Comunidad estará allí, presente, acompañándome en la oración.
YO LOS AMO
Y es precisamente que agradezco tanto a Dios la oportunidad de poder grabar estas palabras para todos ustedes, y recordarles que solo Dios sabe cuanto los amo a ustedes. Perdónenme pero, algunos de la Comunidad de una manera muy cariñosa y llana –así le he entendido siempre– me dicen “papá”, y otros le dicen a María, “mamá María”.

Al Padre Emiliano le decían “el viejo”. Pero honestamente yo me siento ser –en el Señor– “padre” de ustedes. Porque siento que han salido de las entrañas mismas del Corazón de Jesús, del Padre Emiliano, de María y de mí. Ustedes son nuestros hijos, y nos sentimos orgullosos de ustedes, porque han comprendido una vez más que esta obra de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo no lo fue sólo del Padre Emiliano, de María, de quien les habla –Evaristo-, de los demás que nos han acompañaron como co-fundadores de la misma, sino que esta obra es de Dios. Jesucristo es el centro. Por eso decía Santa Teresita de Lisieux: “En la Iglesia hay un corazón que arde”. Y este corazón sigue ardiendo. Es el Corazón de Jesús que nos envuelve, que nos acoge, que nos bendice, que nos ama, que nos fortalece. Es el Corazón de Jesús que sigue siendo, y lo será, como un Océano Infinito de su Misericordia, para que nosotros podamos siempre llevar en lo más profundo de nuestro corazón esta jaculatoria: “Jesús, yo confío en Ti: Tú eres nuestra esperanza. Tú eres nuestra alegría. Tú eres nuestro gozo.”
LO QUE DECIDA EL SEÑOR
Y finalmente, es bueno que ustedes sepan que la ciencia médica no me da mucha esperanza después del trasplante de médula. Lo que me dan son –me hablan de que, posiblemente, si da buenos resultados el trasplante de médula- puedo tener una mejor calidad de vida (no que voy a sanar, desde el punto de vista de la ciencia médica) por dos o tres años más. Después, la enfermedad tomará cuerpo otra vez y entonces si el Señor -lo que El decida- que yo me vaya con El pues, así será.
“PADRE YO ME PONGO EN TUS MANOS. HAZ DE MÍ LO QUE QUIERAS”
El Apóstol San Pablo nos dice “Yo ruego para que ustedes conozcan con una profunda y verdadera sabiduría espiritual la voluntad de Dios. Es un mundo desconocido. ¡Cuánto nos cuesta aceptar la voluntad de Dios! Pero ahora yo me pregunto, ¿cuán importante es decir –como el hermanito de Foucauld- “Padre yo me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras”? Por muchos años ha sido una de mis oraciones preferidas. La llevo siempre en mi Breviario: “Padre me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras”. Pero yo no me imaginaba las consecuencias de lo que yo estaba rezando. Pero ahora sí que el Señor me ha permitido darme cuenta. Como si dijera “¡Ah, Evaristo! Tu siempre oraste para que Yo hiciera contigo lo que Yo quisiera.
NUNCA ME HE SENTIDO TAN UNIDO A EL CÓMO AHORA
Y les aseguro que durante estos veinte seis o veinte siete años de evangelización que el Señor –junto a todos ustedes– me ha permitido en la parroquia, en la diócesis, en el país, con ustedes dentro la Comunidad, y fuera del país, el Señor me dado una gracia muy grande, y es que nunca jamás me he sentido tan unido a El cómo ahora.
Me doy cuenta que esta enfermedad no ha sido un castigo, ni una venganza de Dios por mis pecados. Ha sido realmente una oportunidad que el Señor me ha dado para que yo madure como persona, para que madure sicológicamente, para que aprenda a vivir el Evangelio de la pobreza, de las bienaventuranzas. Una oportunidad que el Señor me ha dado para crecer espiritualmente, y para darme cuenta una vez más que mi vida depende de Dios y que, si mi vida depende de Dios, no debo tener otros dioses que no sea al Señor de la vida en mi corazón.
Y quiero terminar –perdonen que le vuelvo a decir las mismas palabras “quiero terminar”- diciéndoles algo: Es que, he pensado mucho en la muerte, pero no he sentido miedo a morir.
YO SERÉ LA MISERICORDIA PARA TI
Una mañana estaba en oración. Le dije al Señor: “Temo que Tu me llames a Tu presencia porque, al mirarme a mi mismo, me doy cuenta de que -aun después de tantos años trabajando en la evangelización- mis manos están como vacías. No sé que ofrecerte. No sé que voy a llevar ante Ti. Y no sé que va a suceder cuando Tu me llames a Tu presencia, si lo haces a través de ésta enfermedad, o en el momento que Tu lo creas oportuno”.
Después de un profundo silencio, escuché en mi corazón estas palabras: “Siervo mío, lo que menos debe preocuparte es tu encuentro conmigo, porque cuando tu llegues a mi presencia, tu serás como la miseria delante de mi presencia pero yo seré la misericordia para ti”. Entonces recordé aquella frase de San Agustín: “Señor, Tu sabes que soy un enfermo, pero Tú eres mi médico. Tu sabes que soy un miserable, pero Tú eres la misericordia”. Y al sentir, en este coloquio con el Señor, esta palabra, yo le dije: “Señor, no hay problema, porque eso es lo que he sido toda mi vida, un miserable pecador. Pero también Tu me has dado la oportunidad de conocer, de experimentar, de palpar la misericordia de Dios. Y fue una alegría tan grande la que sentí, que me vinieron a la mente estas palabras, que rezamos en el salmo 33:
“Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza esta siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor;
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libro de todas mis ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.”
Y termino este coloquio con estas palabras:
“Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
Y lo salva de sus angustias.”
ORACIÓN
Señor, gracias porque puedo hablar, porque puedo comunicarme, porque puedo desde aquí darle un abrazo fraterno a todos mis hermanos de Comunidad, a todos mis hermanos que han dado testimonio por todas partes, no solo con las palabras de sus bocas sino con el testimonio de sus vidas, de que Tú eres el Dios compasivo y misericordioso, de que Tu eres lento a la ira pero rico en piedad, de que Tu no guardas rencor por nuestros pecados, sino que los perdonas para siempre.

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