BBC Mundo
Aimen Dean es un miembro fundador de Al Qaeda que cambió
de bando en 1998 y se convirtió en espía para los servicios de seguridad e
inteligencia de Reino Unido, MI5 y MI6.
En una entrevista con el periodista de la BBC Peter
Marshall, cuenta su trayectoria y describe sus años de trabajo en Afganistán y
en Londres como uno de los periodos más valiosos de la lucha de Occidente
contra la militancia islamista.
Inicios en Bosnia
Dean creció en Arabia Saudita, país que se
oponía a la ocupación soviética de Afganistán de 1980 y donde, por
consiguiente, la yihad militar era considerada un concepto noble.
Era un adolescente cuando Yugoslavia se
disolvió y los musulmanes bosnios se vieron amenazados por los nacionalistas
serbios.
Fue entonces cuando él y un amigo, Jalid al
Hajj, quien más adelante sería el líder de Al Qaeda en Arabia Saudita,
decidieron convertirse en muyahidines o combatientes islamistas.
Diría que fue la experiencia más reveladora que
he tenido. Era un joven que vivía entre libro en Arabia Saudita y de repente me
encontré en las montañas de Bosnia con un fusil AK-47, con una inmensa sensación
de empoderamiento. Sentía que estaba participando en la escritura de la
historia en lugar de viéndola desde un costado.
Al mismo tiempo, estuve en campos de entrenamiento militar, recibí
un conocimiento sobre tácticas de gerra y maniobras militares que no pensé que
recibiría ni en un millón de años. Además, lo recibí junto a gente de muchas
nacionalidades cuya única característica común era que eran todos musulmanes.
Estaban allí para participar en la yihad en defensa de la población bosnia, lo
que era en sí misma una experiencia abrumadora.
P: ¿No tuviste miedo?
R: Entre tú y yo, creo que al principio tenía
miedo de lo desconocido más que del viaje en el que me iba a embarcar y que
podía acabar con todos nosotros muertos.
Llegó a Bosnia en pleno conflicto.
P: ¿No temías morir?
R: Mentiría si dijera que no temía a la muerte,
pero comencé a sentirme en paz con la idea de que sí, estaba en Bosnia y que lo
más probable era que no saliera de allí.
P: ¿Querías ser martir? ¿Querías morir?
R:
Sí.
Escuela de yihadistas
Para el fin del conflicto bosnio empecé a notar
algo diferente entre mis compañeros. Aquellos que habían sobrevivido adoptaron
una postura más antioccidental, antiglobalización, ya que consideraban que la
comunidad internacional estaba conspirando contra los musulmanes en Bosnia
porque creía que estos utilizaban la guerra a su favor, por lo que quería que
el conflicto terminara antes de que obtuvieran más victorias.
En Bosnia reclutaban
"talentos" para acciones yihadistas futuras.
Al menos esa era la percepción. Y con ello creo que
comenzaron a sentir que Occidente estaba luchando contra el islam como
religión. Eso desembocó en la radicalización y en la transformación de los
muyahidines en operativos de la yihad.
Bosnia fue la escuela de la que salieron varios líderes
talentosos de Al Qaeda. Jalid Sheikh Mohamed (quien sería acusado de ser el
arquitecto de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York) era uno
de ellos.
Y la impresión que yo tenía entonces es que estaba en
Bosnia para identificar el talento; digámoslo así, para identificar el talento
que sería útil en la lucha posterior.
P: ¿Para que fueran terroristas en lugar de
soldados?
R: Exactamente.
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técnico informático en Reino Unido a verdugo de Estado Islámico
Lealtad a Al Qaeda
Fui invitado a Kandahar, la segunda ciudad más
grande de Afganistán, básicamente para mostrar lealtad.
Osama bin Laden se solía reunir uno por uno con
todos los que mostraban lealtad. Así que me dio la bienvenida y me dijo que
habría muchos, muchísmos años difíciles y duros y que la causa de la yihad no
empezó ni acabaría con él.
P: ¿Hiciste un juramento?
R: Sí.
P: ¿Cuál era el juramento?
R: "Te prometo lealtad para pelear junto a
ti en los buenos momentos y en los malos, para hacer la yihad contra los
enemigos de Alá, para obedecer a mis comandantes".
P: ¿Qué hiciste cuando recitaste el juramento?
¿Te quedaste de pie o te arrodillaste?
R: Te sentabas junto a él en el suelo. Ponías
una mano sobre el Corán y lo decías.
P: ¿Se supone que es un momento conmovedor?
R: Sí, aunque lo digo poniéndome en aquél
momento. Sentí el mismo miedo a lo desconocido que en Bosnia.
P: ¿Sabías que estabas dando un gran salto?
R:
Sí.
Entrenador de yihadistas
En Arabia Saudita Dean había sido un prodigio
de la teología musulmana. Así que en Afganistán fue el responsable de entrenar
a los reclutas de Al Qaeda, muchos de Yemen, en base a la teología y la
historia islámica y la esencia de la práctica religiosa. Y esto le abrió los
ojos a las distintas motivaciones de los yihadistas.
No hay un solo proceso de radicalización. A
alguna gente le toma años convencerse de que quiere hacer la yihad y a otra
diez minutos.
P: ¿Pero todos querían ser mátires?
R:
Todos querían el martirio y la redención en diferentes grados. Algunos venían a
ti y te decían que estaban cansados y que querían ser mártires lo antes
posible. Y otros te decían que querían ser mártires pero no antes de hacer
sentir a los enemigos de Alá el infierno en la Tierra.
Tiempo de dudas
Dean estaba en un campo de entrenamiento en
Afganistán cuando tuvieron lugar los atentados en las embajadas de EE.UU. en
Nairobi y Dar es Salaam, en Kenia y Tanzania, en 1998. Se preocupó al saber que
además de las 12 víctimas estadounidenses murieron 240 o más ciudadanos locales
y que 5.000 resultaron heridos.
Fue cuando me pregunté "¿cuál será el
siguiente objetivo? ¿Argentina, Sudáfrica, Mozambique? ¿Vamos a combatir a los
estadounidenses en África con el fin de expulsarlos de Oriente Medio, de la
Península Arábiga?". Simplemente no tenía sentido.
Y como teólogo, fue entonces cuando empecé a
tener dudas sobre la legalidad de todo aquello. Así que comencé a hacer
preguntas. Acudí a Abdullah al Mohaja, el mufti de facto (experto en ley
islámica) de Al Qaeda y le dije: "No es que tenga duda, pero ¿me podrías
por favor iluminarme sobre las justificaciones religiosas para atacar una
embajada que sí, pertenece al enemigo, pero que, al mismo tiempo, está rodeado
de un potencial daño colateral enorme?".
Me contestó siguiente: "Mira, existe una
fatua del siglo XIII antes de Cristo que legitima atacar al enemigo incluso
cuando van a morir civiles, porque el enemigo los está usando como escudos
humanos".
Y sentenció: "Es una fatua integral que
nos da la justificación y no hay dudas sobre la legalidad de lo que hemos
hecho".
Así que decidí buscarla por mi cuenta. Y
encontrarla fue un gran shock. La fatua en cuestión había sido emitida como
respuesta a algo muy concreto que habían preguntado musulmanes desde ciudades
en Asia Central, Samarcanda, Bukhara, etcétera: "Los mongoles nos están
invadiendo. Cada vez que saquean una ciudad se llevan un segmento de población,
mil o dos o tres mil personas, y hacen que empujen las torres de asedio contra
las puertas de las siguiente ciudad. Así que, ¿debemos disparar a nuestros
hermanos musulmanes que empujan las torres de asedio en contra de su voluntad o
no?".
Y la fatua decía: "Sí. En este caso los
mongoles están usando a los civiles musulmanes como escudos humanos con un
objetivo militar y si no les disparan y tiene éxito el ataque, los que
terminarán muertos son ustedes".
Era una situación de vida y muerte. Y ese caso
no tenía similitud con lo ocurrido en Kenia y Tanzania.
P: ¿Y es esa fatua de hace 800 años la que se
usa para justificar los actos del yihadismo hoy?
R: En aquellos casos en los que mueren civiles
sí.
P: ¿Así que es importante?
R: Es importante pero sabes que voy a decir que
su base es inestable. No tiene bases en absoluto. Es básicamente un castillo en
el aire.
P: ¿Es un sinsentido?
R:
Totalmente. Así que a los dos meses decidí que no era para mí y que lo quería
dejar.
La conversión
Apenas superada la adolescencia y
profundamente preocupado, Dean dijo que se marchaba al Golfo para un
tratamiento médico, aunque en realidad ya había decidido no volver. En lugar de
eso, se encontró con el MI6 y en 11 días, según dice, ya se había convertido.
Tras cuatro años y dos meses como yihadista, el 16 de diciembre de 1998
aterrizó en Londres y comenzó el interrogatorio.
Fueron siete meses de interrogatorios. Más o
menos ayudé a que tuvieran un mejor panorama de estas organizaciones y de la
gente influyente dentro de ellas.
P: Es que conocías a Osama bin Laden, a Khalid
Sheikh Mohamed, Abu Zubeida. Los conocías a todos.
R: Sí. Después de los siete meses de
interrogatorios me hicieron la sugerencia: "¿Qué tal si vas a Afganistán y
haces algún trabajo para nosotros?". Y mi respuesta fue inequívocamente:
"Sí". No tuve ningún reparo.
P: ¿Qué hiciste?
R: Pasar información. Ese era mi objetivo
primario, recolectar la mayor cantidad de información posible. Y no era una
tarea fácil, ya que tenía que confiar del todo en mi memoria. No podía escribir
nada. Fueran los que fueran los recelos morales que tuve, allí estaban mis
excompañeros para hacérmelos olvidar (...). Lo que hacían justificaba lo que
hacía yo.
P: ¿Tuviste que seguirles la corriente?
R: Por supuesto. Aún predicaba y repetía cuán
comprometido estaba con la causa.
P: Tuvo que ser difícil, porque de alguna
manera cuando predicas ofreces una justificación teológica a algunos actos que
sabes que están a punto de cometer.
R: Sí, pero cuando cazas ratas tienes que bajar
a las alcantarillas y ensuciarte.
P: Así que estabas en Afganistán e ibas y
venías a Londres.
R: Sí.
P: ¿Pero Al Qaeda pensaba que te mandaba a
Reino Unido?
R: Sí. Y creo que esa es la belleza de todo
esto.
P: ¿Así que creían que trabajabas para ellos?
R: Sí.
P: ¿Cuando realmente trabajabas para
Occidente?
A: Del todo.
Espía en Londres
En Reino Unido Dean debía vigilar y sacar
información a gente como Babar Ahmed, un británico que admitió dar apoyo
material a los terroristas, Abu Hamza, encarcelado en Estados Unidos este año
por secundar el terrorismo, y Abu Qatada, quien fue absuelto de cargos de
terrorismo por un tribunal jordano el pasado otoño tras una larga batalla para
extraditarlo a Reino Unido. Dean mantuvo un ojo sobre ellos, entre otros,
mientras predicaba en mezquitas y sociedades islámicas.
P: Como agente encubierto, eras bienvenido
porque te creían miembro de Al Qaeda. Pero entonces, ¿tenías que predicar en la
mezquita y animarlos a que se unieran a la yihad?
R: Sí, aunque había límites. Era consciente de
ellos, sobre todo en lo referente a hasta qué punto los podía incitar. Se hizo
más difícil a partir del 7 de julio de 2005, porque las leyes sobre la
incitación se hicieron más estrictas.
P: ¿Qué podías decir y qué no?
R: No puedes instar a alguien específicamente
para que se vaya. Ni instar a que cometan un ataque. No puedes glorificar la
violencia contra los civiles. Tienes que tener cuidado. No puedes sentarte y
ahí y hacer explotar a Occidente por lo que hace. Puedes sentarte allí y hablar
sobre el martirio en general, sin tocar directamente lo que está ocurriendo.
Así que debes ser inteligente a la hora de expresar las palabras.
P: ¿Te sentiste alguna vez culpable por haber
animado a alguien a unirse a la yihad?
R: Sí.
P: ¿Hubo muchas ocasiones en las que esto pudo
haber ocurrido?
R: Hubo varias ocasiones en las que ocurrió.
P: ¿Y a qué se debía el sentimiento de culpa,
a que se involucraron en ello o a cómo pudieron haber terminado?
R: Me alegro de que no hubiera muertos. Aunque
una persona en particular terminó en prisión par un periodo largo.
P: ¿Y tú fuiste un instrumento para que eso
ocurriera?
R:
Contribuí, pero no fui el único.
Ataques frustrados
Dean asegura que frustró ataques suicidas con
bombas y otros en los que se iba a utilizar veneno contra civiles. También fue
capaz de entregar a la inteligencia británica planos de un dispositivo que Al
Qaeda pretendía utilizar para un ataque químico en el metro de Nueva York,
EE.UU. Pero Ayman al Zawahiri, el segundo de Osama bin Laden, suspendió la
acción.
Hubieran
utilizado armas químicas si Al Zawahiri no hubiera dicho que no lo hicieran.
Además, dijo: "No lo hagáis porque las
represalias podrían salirse de control.
P: ¿No lo paró porque pensó que era un error
usar gas en el metro?
R: Lo suspendió porque temía las
ramificaciones.
P: Así que tenías en tu poder aquellos planos
tan importantes. ¿Podrías decirme cómo los conseguiste?
R: Bueno, no sé si ni siquiera estoy autorizado
para ello.
P: Pero el hecho de que poseyeras esos planos
sugiere que gozabas de mucha confianza dentro de Al Qaeda.
R: Porque tengo un talento concreto que les
hice creer que quería utilizar para hacer posible los ataques.
P: ¿Eso fue lo que pensó Al Qaeda?
R: Sí.
P: ¿Y cuál era ese talento concreto?
R: ¡No lo diría!
La vida encubierta de Aimen Dean terminó
abruptamente cuando un escritor estadounidense reveló su identidad con detalles
que sólo él podía saber. Fue hace 8 años.
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