“Entra si quieres y sal si puedes”. Cualquier dominicano que escuche o lea esa frase por ahí, de alguna manera
sabrá que se refiere al pueblo de Nagua. La frase encierra una connotación
semántica, pues según la intención del hablante o del contexto, tendría
diferentes significados (o varios a la vez).
Significa: Que al llegar un
visitante a este municipio, la hospitalidad y la cordialidad de sus habitantes
hagan que a dicho visitante le den deseos de permanecer por más tiempo en
Nagua, quedarse, volver más a menudo, en fin, una serie de potenciales
respuestas que dan pie a la conocida frase.
Significa: Que al llegar un
visitante a este municipio, si le gusta el “can” y la bebida, es posible que
llegara a una plaza idónea para tal fin.
Significa: Que al llegar un
visitante a este municipio, tal vez asimilando el comentario de que “la mujeres
de Nagua son caliente”, le interese la plaza.
Significa: Que al llegar un
visitante a este municipio, quede impresionado por la exuberancia de las costas
y los frondosos cocoteros que la bañan.
Todas esa variables
podrían ser válidas, eso creemos. Lo que no creemos es que la conocida frase
haya nacido en el seno de Nagua, y por consiguiente, forme parte de su
folklore. Eso lo debió investigar nuestra compueblana Zoila Luna, pues ella se
convirtió en embajadora y promotora de la frase. Siendo nagüense, y una
excelente presentadora de TV, cada vez que hacía referencia a tal decir, el asunto
iba adquiriendo mayor promoción, hasta llegar a su clímax. Pero, deben saber,
Zoila Luna, y todo amigo lector, que la frase en cuestión no pertenece a Nagua
sino a Cabrera. ¿Cómo?, ¿a Cabrera?, preguntaría usted. Sí a Cabrera. En
nuestra modesta biblioteca poseemos textos que testifican categóricamente tal
afirmación.
En el libro “Cabrera: 100 años de
historia (1891-1991)”, el Dr. Romeo F. Acosta Tajada escribe:
“… debemos imitar
con miras a servir a nuestro querido Cabrera, para que las puertas del desarrollo
se abran y permitan el paso a todos aquellos que de manera sana signifiquen
desarrollo integral para lo nuestro y los nuestro, sin perder las condiciones
de familiaridad y don de servicio que nos destacan ante los que nos visitan y
que ha dado realce a la frase conocida y reconocida en el país y en el
extranjero: A CABRERA, ENTRA SI QUIERES Y SAL SI PUEDES”.
En el texto
“Estampas de Cabrera”, escrito por Kémil L. Dipp Gómez, se puede leer lo
siguiente:
“… En Cabrera se
vivía muy lejos de los principales centros del país, pero, cuando se llegaba
allí, la bondad de su gente hospitalaria, la belleza incomparable de sus
mujeres, lo pintoresco de sus campos, y la belleza exuberante del sitio,
constituían un mágico hechizo del que poco podían sustraerse, lo que dio origen
a que el pueblo adoptara el emblema de “ENTRA SI QUIERES Y SAL SI PUEDES”. Esto
no es un mote cualquiera ni un vano decir. Tiene su valer y su vigencia. Mi
padre llegó al país desde El Líbano, y después de estar en La Romana, Samaná y Sánchez,
escogió Cabrera”.
El responsable de
este testimonio menciona en su escrito una serie de personas, que debido a
diferentes circunstancias, después de llegar a Cabrera decidieron radicarse
allí de por vida, dándole fe de testimonio al “Entra si quieres…”. Menciona a
don Ramón Guzmán, quien llegó a Cabrera a buscar un ganado y allí se quedó, se
enamoró y formó familia. Dice Kémil que su padrino Virgilio García dejó
Santiago y el prestigio que le proporcionaba su padre, el General Santos
García. Primero llegó a Nagua y luego se radicó definitivamente en Cabrera con
todo y familia. También hace referencia al Dr. Arturo Dalmasí, quien desde El
Seibo llegó a Cabrera a realizar su pasantía médica. Cuenta Kémil, que Damasí
se compenetró tanto con la gente de Cabrera, que no pudo salir de allí. También
menciona a los Alemany, procedentes de Puerto Rico. A don Esteban Martínez,
quien llegó de Cuba. El señor Luis Dipitón y su gran familia, oriundos de Las
Bahamas. A todos estos casos, se le puede agregar un largo etcétera, tanto a
nivel nacional como extranjero.
Queda
definitivamente demostrado, que la frase en cuestión pertenece a Cabrera y no a
Nagua. Las cosas hay que admitirlas como son. No se puede retorcer la historia
cuando la historia presenta evidencias fehacientes sobre determinada realidad.
En conclusión, creemos que cada pueblo tiene derecho a poseer con carácter de
exclusividad los rasgos de su folklore o cualquier otro elemento autóctono que
lo identifique. En honor a la verdad, hay que respetar y reconocer lo que a
cada quien le pertenezca.

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