Por Francis Frias/23 Septiembre 2026
Doña Ana Francisca Cuevas fue una mujer de profundas convicciones,
trabajadora incansable y, sobre todo, una servidora comprometida con su familia
y con su comunidad.
Durante toda su vida trabajó día y noche para sacar adelante a sus hijos: Fidias, Sommer (Fallecido), Winder y Jhonny García. Su familia fue uno de los pilares fundamentales de su existencia y una de las razones que la impulsaron a enfrentar cada desafío con fortaleza y determinación.
Pero Ana Francisca no limitó su entrega al ámbito familiar. También fue
una mujer profundamente vinculada a los quehaceres sociales de su comunidad. Su
vocación de servicio la llevó a convertirse en gestora de servicios en
diferentes niveles, procurando soluciones y ayudando a quienes acudían a ella
en busca de apoyo.
Fue una colaboradora permanente del Cuerpo de Bomberos y durante muchos
años estuvo vinculada a la Defensa Civil, instituciones desde las cuales aportó
su tiempo, esfuerzo y voluntad de servir a los demás.
Su preocupación por el bienestar colectivo fue permanente. Defendía los
intereses de su comunidad y mantenía una lucha constante, especialmente cuando
se trataba de ayudar a personas enfermas o a familias que atravesaban
situaciones difíciles.
Uno de sus grandes sueños fue que su comunidad pudiera contar con un
Centro Comunal, un espacio destinado al encuentro, la organización y las
actividades de sus habitantes. El destino quiso que ese sueño se convirtiera en
una realidad y, de manera profundamente simbólica, hoy ese mismo Centro Comunal
sirve como lugar donde son velados sus restos.
Ana Francisca Cuevas se ha marchado en la paz del Señor, pero su partida
deja un profundo vacío entre familiares, amigos, vecinos y todas aquellas
personas que conocieron su vocación de servicio.
Su legado no se mide únicamente por los años vividos, sino por las
acciones realizadas en favor de los demás. Su vida estuvo marcada por el
trabajo, la solidaridad y el compromiso con su comunidad.
Lamentablemente, una enfermedad terminó arrebatándola de este mundo al
que, durante su existencia, solo supo hacerle el bien.
Hoy la comunidad despide a una mujer, que hizo del servicio una forma de
vida. Queda su ejemplo, quedan sus luchas y, sobre todo, queda el recuerdo de
una mujer que nunca dejó de tender la mano a quien necesitaba ayuda.
Que Dios reciba tu alma y conceda fortaleza a tus hijos, familiares,
amigos y a toda la comunidad que hoy llora tu partida.
Descansa en paz, Doña Ana Francisca Cuevas.

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