Por Bolívar Balcácer
La dominicanidad en el exterior atraviesa hoy un descalabro moral y político que no puede seguir maquillándose con discursos folclóricos ni actos protocolares. Los datos son contundentes y dolorosos: durante 2025, Estados Unidos repatrió a 3,581 dominicanos, y casi
el 70 % fue por migración ilegal. A eso se suman cientos de casos vinculados a drogas, asaltos, violencia, armas ilegales, delitos sexuales y hasta homicidios. No son números fríos: son rostros, historias rotas y comunidades estigmatizadas.Pero sería deshonesto cargar toda la culpa sobre
quienes cayeron en la ilegalidad. El problema es más profundo. La diáspora
dominicana ha sido usada, abandonada y manipulada por un liderato social y
político que solo se acuerda de ella en tiempos electorales o cuando conviene
posar para la foto o "buscar un título" en el peor de los casos
falso, honor y causa para engañar el ego. Mientras miles luchan honestamente,
trabajan, pagan impuestos y sostienen familias a ambos lados del mar, otros han
sido empujados al margen por la falta de orientación, acompañamiento y
representación real.
La apatía del liderazgo es escandalosa. No hay una
política seria de protección, educación cívica ni defensa del buen nombre del
dominicano trabajador en el exterior. Se tolera el desorden, se aplaude el
clientelismo y se calla ante el deterioro de nuestra imagen colectiva. Así, el
esfuerzo honesto queda opacado por la conducta irresponsable de unos pocos y
por la indiferencia cómplice de muchos.
La dominicanidad en ultramar no necesita más consignas
ni más demagogia. Necesita liderazgo con carácter, conciencia social y
responsabilidad histórica. De lo contrario, seguiremos exportando frustración,
deportaciones y vergüenza, mientras se traiciona el sacrificio de quienes
vinieron a luchar limpio y a levantar a los suyos con dignidad. El silencio del liderazgo no es neutral: es
cómplice.
No hay comentarios:
Publicar un comentario