Jimmy Kimmel pronuncia el monólogo de apertura durante la 95.ª edición de los Premios Oscar en el Teatro Dolby de Ovation Hollywood en Los Ángeles el domingo 12 de marzo de 2023. Jack Gruber Jack Gruber-USA TODAY
Opinion/por Andres Oppenheimer/elnuevoherald.com
Nunca pensé que estaría escribiendo una columna sobre si hay censura en Estados Unidos. Sin embargo, cuando la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) — que históricamente ha denunciado ataques contra la prensa
en países como Cuba y Venezuela— da la voz de alarma sobre lo que está ocurriendo en este país, hay que prestar atención.Lo que está pasando es grave. La SIP emitió recientemente tres
declaraciones expresando su preocupación por los ataques del presidente Donald
Trump a los medios de comunicación. La última, del 19 de septiembre, citó
declaraciones de Trump y su director de la Comisión Federal de Comunicaciones
(FCC), Brendan Carr, de que podrían revocar la licencia de la cadena de
televisión ABC.
¿El motivo? Comentarios críticos del comediante político Jimmy Kimmel.
Trump dijo el 18 de septiembre que algunas cadenas “solo me dan mala publicidad
o prensa”, y añadió que “están consiguiendo una licencia. Creo que habría que
retirarles la licencia”.
Kimmel fue suspendido de ABC horas después de que Carr advirtiera que la
FCC podría tomar medidas contra la cadena por los comentarios del comediante
sobre la reacción de los seguidores de Trump ante el asesinato del activista
derechista Charlie Kirk.
Tras una avalancha de críticas por la suspensión del comediante,
incluida una carta firmada por Tom Hanks, Meryl Streep, Jennifer Aniston y unos
400 artistas más, Kimmel fue reincorporado unos días después. Sin embargo, el
incidente despertó una tormenta política, porque no se trató de un hecho
aislado. Pocas semanas antes, la cadena CBS había anunciado que retirará del
aire a su comediante político Stephen Colbert el próximo año. Hay una sospecha
generalizada de que tanto ABC como CBS actuaron bajo presión política, porque
sus respectivas empresas matrices están tramitando fusiones que requieren la
aprobación del gobierno de Trump.
El presidente de la SIP, José Roberto Dutriz, dijo en un comunicado que
la mera sugerencia del presidente de que una cadena podría perder su licencia
“constituye una forma inaceptable de censura.”
Los ministros de educación del pasado gobierno y los que han pasado en
estos últimos cinco años, que duerman con ropa, no creo cenen la navidad en sus
casas.
Apenas una semana antes, la SIP y muchas otras organizaciones habían
condenado el juicio de Trump contra el diario The New York Times por $15,000
millones, y una demanda similar por $10,000 millones del presidente contra The
Wall Street Journal.
El gobierno de Trump también anunció planes de prohibir el acceso al
Pentágono a los periodistas que publiquen informaciones que no sean aprobadas
por el gobierno. Además, la Casa Blanca cambió las reglas sobre quiénes pueden
asistir a las ruedas de prensa de Trump.
Bajo las nuevas reglas, además de los periodistas, se permitirá la
entrada a muchos influencers que apoyan al presidente, y que generalmente le
hacen preguntas complacientes.
Martha Ramos, presidenta de la comisión de Libertad de Prensa e
Información de la SIP, me dijo que este tipo de cosas “eran muy inusuales” en
Estados Unidos. Y es una tendencia peligrosa para todo el mundo, agregó.
“Estados Unidos es una potencia mundial, y lo que pasa en Estados Unidos
termina impactando en otros países”, me dijo Ramos. Para ser claros, ni la SIP
ni otras organizaciones están comparando a Estados Unidos con Cuba o Venezuela.
Todavía puedo escribir estas líneas, y miles de otros periodistas
estadounidenses aún pueden criticar al presidente sin temor a ser arrestados.
Pero un número creciente de expertos legales están usando la palabra
“censura” para describir lo que está sucediendo aquí. El contrato de Kimmel
vence en mayo, y a muchos les preocupa que, al igual que Colbert, pueda ser
retirado del aire muy pronto con el pretexto de una “caída de la audiencia”.
Samantha Barbas, profesora de derecho de la Universidad de Iowa y
experta en libertad de expresión, me comentó que estamos presenciando “una
creciente censura” en el país, como nunca antes en la historia reciente.
En efecto, las presiones regulatorias, junto con las adquisiciones de
medios por parte de multimillonarios amigos de Trump y sus juicios contra
medios independientes, podrían dejar al país con una prensa dócil, como en
muchos países autoritarios.
Aún no hemos llegado a ese punto, pero una cosa está clara: Trump ha
erosionado la autoridad moral de Estados Unidos para criticar a otros países
que amordazan a la prensa.
Eso, en sí mismo, es una tragedia.
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