Jonrón 42 para Juan Soto y 34 bases robadas. Solo faltan seis para el 40-40.
Señores, apaguen la luz, cierren la puerta, pónganse el mangú a calentar, porque lo que voy a contar parece cuento de cutupla, pero es real como el concho a 35 pesos.
En Nueva York,
un chamaquito de Herrera, que jugaba vitilla en la calle y le daba a las tapas
de botella con más precisión que un francotirador de película de Netflix, se
convirtió en el tercer jugador en la historia de la MLB en lograr la loquera
de:
40 o más
jonrones
30 o más bases
robadas
100 o más
impulsadas
100 o más
anotadas
100 o más
bases por bolas
Eso no se veía
desde que el casabe era dos por uno: 1999. Y ahora Juan Soto se sienta en la
misma mesa que Barry Bonds y Jeff Bagwell. ¡Un bacano sentado al lado de dos
montros de la historia!
Pero oye la
vaina: mientras el mundo celebra, el hombre dice:
“Eso ta’
heavy, pero no ganamos, así que poco importa”.
¡Loco! Eso es
como tú comprarte unos Jordan retro y no querer salir a la calle porque no hay
coro pa’ frontear.
Filosofía
universal versión colmadón:
“El dinero
compra el ron, pero no el coro.”
“La pobreza te
enseña a soñar, pero la riqueza te enseña a gastar en pica pollo sin mirar la
cuenta.”
“La fama te da
cuartos, pero la humildad te da pana.”
Refranes
remezclados versión MLB:
Camarón que se
duerme, Soto le roba la base.
Árbol que
crece torcido, se endereza con un jonrón de 450 pies.
El que
madruga, no ve a Soto porque él está practicando desde anoche.
Teoría loca
dominicana:
Dicen que Juan
Soto no corre con piernas normales… ¡no, no, no! Él tiene los pies untados de
aceite de castor, el mismo que usaban los motoconchos de los 90 pa’ que la
pasola corriera sin humo.
Otros aseguran
que cada vez que se roba una base, en Villa Juana se apaga un bombillo y se
prende otro en Los Mina. Eso explicaría el apagón selectivo del otro día.
Y pa’ colmo,
hay una cotorra de barrio que dice que la pampara de Soto está tan encendía,
que cuando da un tablazo, el eco se escucha en el Malecón y hasta el Obelisco
vibra.
Parábola
beisbolera:
Había una vez
un tiguerito que jugaba con un bate de escoba y una bola de media. Los vecinos
decían:
—“Ese muchacho
e’ un palomo, siempre jugando pelota en vez de estudiar.”
El niño
respondió:
—“Tranquilo,
que me comí lo libro de la paciencia. Un día mi nombre va a estar en luces.”
Hoy ese
carajito se llama Juan Soto, y los que se burlaban… están en olla, viendo el
juego desde un colmado con una jumbo prestada.
Jerga
dominicana aplicada:
Cuando Soto
conecta un HR: “¡Bárbaro, qué tablazo! Eso ta’ métrico pa’ los
pitchers.”
Cuando se roba
la base: “El tipo ta’ encendío, brisiao como motoconcho en
hora pico.”
Cuando habla
humilde después del juego: “Diantre, y yo aquí toy quillao porque no ganamos…
¡qué loco, ese tipo e’ un panita de verdad!”
Anécdota de
conspiración colmadística:
En un colmado
de Villa Consuelo, un viejito decía:
—“Soto no es
humano, ése es un vacanyol disfrazado. Pa’ mí que lo fabricaron en un
laboratorio con ADN de Sammy Sosa pre-blanqueamiento.”
Y otro le
respondió:
—“Tumba eso,
viejo, que tú ere’ bultero. Eso es talento, no ciencia ficción.”
Pero por
dentro, todos sabían que había misterio.
Riqueza y
pobreza versión MLB:
El pobre sueña
con un guante nuevo, el rico compra 20 y los guarda pa’ que no se dañen.
El pobre juega
con bola de trapo, el rico con Rawlings… pero el jonrón de Soto lo sienten
igualito los dos.
“Más vale un
HR de Soto en mano, que cien promesas de peloteros en ligas menores.”
Adivinanza:
Vuelo sin
alas,
corro sin
pies,
cuando me
sueltan,
me persigue la
gente a granel.
¿Qué soy?
Un jonrón de
Soto.
Versículo
bíblico que le cae como guante:
Proverbios
22:29
“¿Has visto a
un hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará
delante de los de baja condición.”
Así mismito,
Soto está delante de los reyes del béisbol… ¡y pronto delante del MVP!
En conclusión,
señores: Juan Soto es más que un pelotero; es un fenómeno dominicano, un mito
viviente, un bacano universal.
Si tú no lo
celebras… te solté en banda.

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