Jonathan Marcus/BBC
En enero de este año, Israel atacó un convoy de armas que
fuentes de inteligencia sugieren transportaba avanzados misiles tierra-aire
SA-17 que iban a ser transferidos de Siria al grupo insurgente libanés Hezbolá.
Esa ofensiva fue una advertencia, un esfuerzo para
disuadir al régimen del presidente sirio Bashar al Asad de contemplar alguna
transferencia similar a sus aliados en Líbano.
Los últimos ataques del fin de semana sugieren que el
esperado efecto disuasorio no fue tal.
Demuestran la capacidad de la Fuerza Aérea israelí para
atacar objetivos dentro de Siria, pero podrían ser los primeros de muchos: un
patrón de ataques que en cualquier momento puede llevar a Siria, junto a
Hezbolá, hacia una guerra regional.
La pesadilla del traslado de la crisis hacia otras zonas
se habría convertido en realidad.
La preocupación
israelí
Entonces, ¿cuál es
la preocupación de Israel?
Si bien una buena parte de la atención de Israel, y de
hecho también la de Estados Unidos, se centra en los temores de que el arsenal
químico de Siria caiga en las manos equivocadas, estos últimos ataques aéreos
subrayan la preocupación de Israel de que armas convencionales sofisticadas
lleguen a manos de Hezbolá.
Esto incluye misiles antiaéreos o precisos misiles
tierra-tierra de largo alcance. Tales preocupaciones no son nuevas.
Unos cuatro años atrás, el gobierno del entonces primer
ministro israelí Ehud Olmert advirtió que no toleraría, según dijo, que armas
que "cambiaban el juego" fueran transferidas a Hezbolá.
Según fuentes de inteligencia de Estados Unidos, el
objetivo del primero de estos recientes ataques israelíes, que tuvo lugar
durante la noche del jueves, fue un cargamento de misiles tierra-tierra en un
depósito del aeropuerto de la capital siria, Damasco.
Los misiles, que habían sido enviados desde Irán, de
acuerdo a las fuentes, eran Fateh-110s, un tipo de arma móvil, de gran
precisión, con la capacidad de alcanzar desde el sur de Líbano a los
principales centros poblados de Israel, como Tel Aviv.
Lo que no está claro, admiten funcionarios
estadounidenses, es quién era exactamente el destinatario del cargamento: si el
ejército sirio o Hezbolá.
Pero se dijo que el almacén del aeropuerto estaba bajo
control de personal de Hezbolá y de la fuerza de élite paramilitar iraní Quds,
que forma parte de la Guardia Revolucionaria Islámica.
¿Un juego más largo?
Este episodio pone de relieve una vez más la estrecha
relación triangular entre Teherán, Damasco y Hezbolá.
De hecho, los últimos informes apuntan a la creciente
participación de Hezbolá en la guerra civil de Siria con cientos de
combatientes del movimiento apoyando al presidente Asad en el terreno.
Irán, al ver a su aliado sirio contra las cuerdas, está
claramente ansioso de reforzar las defensas de Hezbolá en Líbano.
Por su parte, Asad podría sentirse obligado a transferir
armamento a Hezbolá a cambio de su apoyo.
En efecto, si se acelera la caída del régimen sirio, se
acelerará también la transferencia de armas.
Dichas transferencias tienen ventajas para Asad también,
quien puede estar jugando una estrategia más larga.
Si su régimen pierde terreno, Asad se puede ver obligado a
recluirse en el núcleo alauita (el grupo minoritario de extracción chiita al
cual pertenece Asad) en la costa, y la infraestructura militar de Hezbolá en
Líbano se convertiría en un aliado aun más importante.
Por otro lado, si Asad sobrevive en Damasco, entonces un
fortalecido Hezbolá puede mantener una constante amenaza de extender la crisis
hacia un conflicto regional, algo que Estados Unidos y sus aliados quieren
evitar.
Dada la escasez de datos concretos, es difícil llegar a
conclusiones definitivas. Algunos informes israelíes, por ejemplo, sugieren que
los misiles alcanzados en el almacén de Damasco no eran los iraníes Fateh-110s
sino uno similiar de producción siria, el M-600.
Lo que es aún más intrigante es el segundo de los dos
ataques aéreos israelíes en las primeras horas de la mañana del domingo.
El blanco aquí era un complejo militar en torno a Jamraya,
un área que, entre otras cosas, incluye un cuartel general y centros de
investigación.
Todavía se desconoce el objetivo u objetivos afectados,
aunque las llamas y las explosiones fueron visibles para muchas personas en
Damasco.
Quizá sea la naturaleza del blanco la que contenga el
verdadero mensaje israelí hacia el presidente sirio.
Esto deja ahora a Asad y sus aliados de Hezbolá en una
posición difícil.
¿Deben responder de alguna manera? Ambos se ven a sí
mismos como defensores de la resistencia contra Israel. Hezbolá ha tratado de
atacar en el pasado objetivos israelíes o judíos en el extranjero.
Definitivamente, cualquier respuesta militar directa desde
Siria o el sur de Líbano arriesga una confrontación mucho más grande, que tanto
Asad como el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, desearían evitar.
Pero es difícil imaginar que los envíos de armas se
detengan. Hay demasiado en juego. Dependiendo del clima y de las capacidades de
la inteligencia de Israel, algunos todavía pueden lograr pasar.
Nuevo territorio
La crisis siria entra aquí en un territorio nuevo.
No es de extrañar que los experimentados analistas
militares israelíes ya estén advirtiendo sobre el peligro de una guerra.
Los detalles siguen siendo vagos, pero los ataques aéreos
de Israel contra objetivos sirios en los últimos días están diseñados para
enviar una señal poderosa.
Mientras el presidente de Estados Unidos, Barack Obama,
puede dudar a la hora de aplicar su advertencia sobre Damasco por cruzar la
llamada "línea roja" por el posible uso de armas químicas, Israel
está decidido a imponer su propia "línea roja" en cuanto a la
transferencia de armamento sofisticado a Hezbolá.

No hay comentarios:
Publicar un comentario