Por Robert Vargas/Ciudad
Oriental
¡Caray!, con la prisa del trabajo se me extraviaron estos
vídeos de aquel día en que decenas de empleados de los Comedores Económicos del
Estado formaron dos hileras humanas para aplaudir no al nuevo administrador de
esa institución, Monchi Rodríguez, sino al que se marchaba, Nicolás Calderón.
Entre quienes aplaudían en forma entusiasta a “Nicolás”,
como ellos le llaman, habían algunos, hombres y mujeres, que lloraban.
-“No hay que llorar, no hay que llorar”, le decía
cariñosamente Calderón mientras se dirigía hacia el estacionamiento en busca de
su vehículo para marcharse de la sede los Comedores Económicos del Estado, en
Los Mina.
En nada se parecía a cuando llegó y sustituyó a su
predecesor, César López. Por este, nadie lloró. Es más, creo que ni siquiera
estaba en la sede, si mal no recuerdo.
El sustituto de Calderón, Monchi Rodríguez, el día que
tomó posesión llegó una hora tarde a la cita. Estaba programado que el traspaso
fuera hecho a las 2.00 pm, pero él llegó a las 3.00 pm, sonriente, como si
hubiera llegado puntual, como sí lo hizo Calderón.
Antes que Monchi hiciera su entrada triunfal, lo hicieron
varios santiagueros con aires de “perdonavidas”, unos “matatanes” que parecen
no saben saludar, ni decir “hola”, “saludos”, “buenas tardes”.
Yo estaba sentado junto a otros periodistas en la oficina
de Relaciones Públicas esperando el inicio de la ceremonia, a la que habíamos
sido invitados.
Primero nos informaron telefónicamente que sería a las
2.30 pm, pero luego nos llamaron para decir que sería a las 2.00 pm. Finalmente
comenzó a las 3.00 pm.
Estando en la oficina que les comento, ingresó una persona
que no se quien es. Estaba vestido de traje sastre. Abrió la puerta, entró, no
saludó a nadie, se detuvo a dos pasos de la puerta, ya dentro y simplemente
dijo:
-“¿Ya todo está listo? Yo trabajo con Monchi. ¿Convocaron
a los periodistas?”.
Quizás debió decir:
-“Buenas tardes, soy fulanito de tal. Yo trabajo con
Monchi. ¿Quién es el encargado de esta área?....”.
Nada de eso, el tipo solo quería saber si todo estaba
listo y que se lo dijeran a él, a quien nadie conocía.
Observé al personal de prensa de la institución. Reaccionó
con algo de timidez.
Uno de ellos respondió:
-“Si, todo está listo. Los periodistas fueron convocados”.
-“Ok”, dijo el tipo.
Dio media vuelta y se marchó.
Todos los que estaban allí se miraron entre sí, ninguno de
los empleados dijo nada.
Minutos después llegó otra santiaguera, una gordita ella.
-“Yo soy periodista, trabajo con Monchi. ¿Ustedes van a
grabar la ceremonia? Para que me den el vídeo”.
Nada de saludos, nada de por favor, nada de “si es posible
me gustaría que…”.
Nada de eso.
Son unos matatanes que se creen todopoderoso.
Yo conozco mucha gente de Santiago, y ninguno tiene ese
comportamiento.
Minutos más tarde, el personal de relaciones públicas,
diligente como siempre, nos informó:
-“Vamos para arriba, que ya está a punto de iniciar”.
Subimos a la tercera planta.
Calderón hacía rato que había llegado. A Monchi ni se le
veía la placa.
Quienes sí estaban entrando era muchos santiagueros.
Entraban como dueños de casa. Ninguno saludaba. ¡Qué formas!
De repente, un militar llegó y ordenó a todos los
periodistas y otras personas que allí estaban:
-“¡Quítense de ahí para que el pasillo esté libre cuando
llegue…”.
Los empleados estaban en sus oficinas.
Calderón esperaba en un salón repleto de santiagueros. No
cabía ni un mandado.
Antes de que llegara Monchi, lo hizo Gerineldo de los
Santos, uno de los pocos dirigentes medios del PLD que estuvo presente. Fue a
colocarse donde el capitán lo viera.
Gerineldo conversó conmigo, ante la cámara. Se cuidó de no
criticar al presidente Danilo Medina por no tomar en cuenta a dirigentes
locales del PLD para ocupar esa posición y
dijo que era necesario darle más tiempo.
Su postura era muy distinta a la que sostienen otros
dirigentes locales peledeístas quienes están molestos con el Presidente de la
República por no tomar en cuenta a quienes se fajaron por él en santo Domingo
Este.
Y ahí estaba Gerineldo conversando conmigo cuando dijo
que:
-“Yo nunca vine a los comedores a buscar nada”.
En ese momento se acercó otro dirigente peledeísta de la
Circunscripción 1 y la dio “un tapaboca”.
-“Yo mismo te entregué a ti muchísimas raciones cuando….”.
Gerineldo no dijo ni pío.
Justo en ese momento, llegó Monchi Rodríguez. Nadie le
conocía. Delante suyo iban algunos que parecían ser “los jefes”.
Las cámaras tiraron a grabar a las personas equivocadas.
Finalmente, emergió Rodríguez, sonriente. Saludando. Le
respondían tímidamente. Lo suyos, los llegados de Santiago, estaban
“atrincherados” en el salón repleto de personas.
Pudo abrirse paso entre la multitud y llegar hasta donde
estaba Calderón esperándolo, desde hacía una hora.
Y comenzaron los discursos.
Monchi dijo que iba a continuar haciendo lo que hacía
Nicolás. Este agradeció a Leonel Fernández la confianza que tuvo en él para que
sacara a flote los comedores.
Monchi no dijo gran cosa. Era evidente que desconocía lo
que le entregaban.
Cuando Calderón asumió el cargo en los Comedores
Económicos, tras sustituir a Cèsar López, aquello era un chiquero, mal oliente
y nauseabundo, que servía comida cocinada de malísima calidad.
Leonel, reveló Calderón, andaba en busca de un gerente
para los Comedores y fue uno de sus colaboradores, Abel Rodríguez del Orbe,
quien se lo presentó.
Al principio, Leonel no estaba convencido de que este joven losminero, de la calle Cuatro de
Agosto, estuviera en capacidad de afrontar el reto.
Cuatro años más tarde, Nicolás se iba del cargo dejando
una institución con elevadísimo prestigio y una capacidad de producción bastante
considerable.
César López, que se vio involucrado en medio de denuncias
por presuntos nepotismo y acciones comerciales nada claras, apenas puso a
producir unas 80 mil raciones diarias.
Calderón, a su salida, dejó esta institución en capacidad
de producir 1.2 millones de platos diarios de comida cocida.
-“Hicimos una gestión en la que nuestra principal
prioridad fuera la gente”, comentó Nicolás, quien agradeció “a mi padre
político” (Leonel Fernández), el respaldo que le dio a lo largo de su gestión.
Hoy los Comedores Económicos tienen casi tres docenas de
cocinas móviles, que fueron creación de Calderón y en distintas provincias hay
establecimientos donde se sirve comida de buena calidad a bajo precio a la
gente que más lo necesita.
Cuando la ceremonia de traspaso de mando concluyó, Nicolás
comenzó a abrirse paso entre las dos hileras de empleados que, espontáneamente,
se formaron.
Hombres y mujeres lo abrazaban, algunos lloraban.
-“Gracias por todo, gracias por todo, gracias por su
apoyo”, decía Calderón mientras intentaba avanzar. Y así fue hasta el final. Lo
siguieron hasta el estacionamiento.
Se despidió en medio de aplausos.
Nicolás no se quedará si empleo. Regresará a su oficina de
abogados y, además, tiene jugosas ofertas de trabajo que le han hecho
organismos internacionales para que lleve a otros países su experiencia con los
Comedores Económicos.
Monchi tiene el reto, no solo de preservar lo que hizo
Nicolás, sino de superarlo.
El resto, pueden verlo en los vídeos de más abajo.

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