Cuando el Ente Social Sufre la injusticia en Carne Propia

miércoles, 4 de febrero de 2026

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com


Históricamente, la sociedad ha tenido una capacidad asombrosa para teorizar sobre el dolor ajeno. Leemos estadísticas sobre el desempleo, vemos reportajes sobre la inseguridad o escuchamos debates sobre el colapso del sistema sanitario como quien observa una tormenta a través de una ventana reforzada, sabemos que está pasando, pero no nos mojamos.

Sin embargo, existe un punto de inflexión donde la teoría se desintegra y la realidad se impone. Es el momento en que el ente social sufre en carne propia la problemática.

´´De la Empatía Distante a la Acción Reactiva´´: La frase nos sugiere que la verdadera transformación social no nace de la estadística, sino del impacto directo. Mientras un problema sea "del vecino" o "del sistema", el ente social que es el ciudadano, el colectivo, la comunidad,  suele mantenerse en un estado de indiferencia funcional.

Pero cuando la problemática cruza el umbral de lo privado, sucede lo siguiente:

La desmitificación del problema, lo que antes era un concepto abstracto se convierte en una falta de dinero para el alquiler, un dolor físico sin medicina o una calle que ya no es segura para los hijos. La ruptura del contrato de pasividad, el ciudadano deja de ser un espectador para convertirse en un damnificado. Aquí, la queja se transforma en exigencia.

La colectivización del dolor, cuando el sufrimiento individual se reconoce en el vecino, el "yo" sufre pasa a ser un "nosotros" sufrimos. Es la chispa de los movimientos sociales.


Entonces la carne Propia, como motor de cambio: ¿Por qué esperamos a que nos toque la piel para reaccionar? La psicología social sugiere que el ser humano posee mecanismos de defensa para evitar el agotamiento emocional. No podemos cargar con todos los males del mundo simultáneamente.

Sin embargo, el sufrimiento directo tiene una "honestidad" que la teoría no posee. No se puede debatir contra el hambre cuando se siente en el estómago, ni se puede ignorar la injusticia cuando se vive en el tribunal. Es en este punto donde la sociedad suele dar sus saltos más grandes.

Las exigencias de soluciones reales, ya no sirven los discursos paliativos; se requieren resultados tangibles, una solidaridad orgánica, se crean redes de apoyo que no dependen de la burocracia, sino de la supervivencia compartida.

Reevaluación de prioridades, el ente social redefine qué es lo verdaderamente urgente frente a lo simplemente importante.

En conclusión, aunque sufrir en carne propia es el catalizador más potente para el cambio, también revela una fragilidad en nuestro tejido social, la falta de prevención. Si solo actuamos cuando el fuego nos quema la mano, siempre llegaremos tarde a la solución.

El desafío del ente social moderno es desarrollar una sensibilidad que le permita actuar antes de que la herida sea profunda, la verdadera madurez de una sociedad no está solo en cómo reacciona cuando sufre, sino en cómo se organiza para evitar que el sufrimiento de uno sea el destino de todos.

Terminar este escrito con esta frase: "La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes." Martin Luther King Jr.


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