Históricamente, la sociedad ha tenido una capacidad asombrosa para teorizar sobre el dolor ajeno. Leemos estadísticas sobre el desempleo, vemos reportajes sobre la inseguridad o escuchamos debates sobre el colapso del sistema sanitario como quien observa una tormenta a través de una ventana reforzada, sabemos que está pasando, pero no nos mojamos.
Sin embargo,
existe un punto de inflexión donde la teoría se desintegra y la realidad se
impone. Es el momento en que el ente social sufre en carne propia la
problemática.
´´De la
Empatía Distante a la Acción Reactiva´´: La frase nos sugiere que la verdadera
transformación social no nace de la estadística, sino del impacto directo.
Mientras un problema sea "del vecino" o "del sistema", el
ente social que es el ciudadano, el colectivo, la comunidad, suele mantenerse en un estado de indiferencia
funcional.
Pero cuando la
problemática cruza el umbral de lo privado, sucede lo siguiente:
La
desmitificación del problema, lo que antes era un concepto abstracto se
convierte en una falta de dinero para el alquiler, un dolor físico sin medicina
o una calle que ya no es segura para los hijos. La ruptura del contrato de
pasividad, el ciudadano deja de ser un espectador para convertirse en un
damnificado. Aquí, la queja se transforma en exigencia.
La
colectivización del dolor, cuando el sufrimiento individual se reconoce en el
vecino, el "yo" sufre pasa a ser un "nosotros" sufrimos. Es
la chispa de los movimientos sociales.
Entonces la carne Propia, como motor de cambio: ¿Por qué esperamos a que nos toque la piel para reaccionar? La psicología social sugiere que el ser humano posee mecanismos de defensa para evitar el agotamiento emocional. No podemos cargar con todos los males del mundo simultáneamente.
Sin embargo,
el sufrimiento directo tiene una "honestidad" que la teoría no posee.
No se puede debatir contra el hambre cuando se siente en el estómago, ni se
puede ignorar la injusticia cuando se vive en el tribunal. Es en este punto
donde la sociedad suele dar sus saltos más grandes.
Las exigencias
de soluciones reales, ya no sirven los discursos paliativos; se requieren
resultados tangibles, una solidaridad orgánica, se crean redes de apoyo que no
dependen de la burocracia, sino de la supervivencia compartida.
Reevaluación
de prioridades, el ente social redefine qué es lo verdaderamente urgente frente
a lo simplemente importante.
En conclusión,
aunque sufrir en carne propia es el catalizador más potente para el cambio,
también revela una fragilidad en nuestro tejido social, la falta de prevención.
Si solo actuamos cuando el fuego nos quema la mano, siempre llegaremos tarde a
la solución.
El desafío del
ente social moderno es desarrollar una sensibilidad que le permita actuar antes
de que la herida sea profunda, la verdadera madurez de una sociedad no está
solo en cómo reacciona cuando sufre, sino en cómo se organiza para evitar que
el sufrimiento de uno sea el destino de todos.
Terminar este
escrito con esta frase: "La injusticia en cualquier parte es una amenaza a
la justicia en todas partes." Martin Luther King Jr.
No hay comentarios:
Publicar un comentario