Por Francis Frias/23 junio 2026
"Soy de
la loma y canto en el llano..."
Este inmortal estribillo del Trío Matamoros no solo es una joya del son cubano, sino también una perfecta metáfora de la versatilidad humana. No importa de dónde vengas ni dónde te encuentres; lo que llevas en la sangre define tu oficio y tu propósito. En mi caso, esta frase me evoca una estampa tan inusual como profunda: la periodista y el caballo.
Una alianza inesperada que nos recuerda que, sin importar el terreno, la verdad siempre busca la manera de salir a la luz.Ser periodista
no es un trabajo de oficina de ocho a cinco, ni una identidad que se deja
colgada en un perchero al llegar a casa. Donde vives, donde operas, donde
respiras: siempre eres periodista. La curiosidad, el compromiso con la verdad y
la empatía con la gente te acompañan a cualquier parte.
Por eso,
cuando los caminos se ponen difíciles, el verdadero profesional no se detiene.
Y ahí es donde entra nuestro noble compañero de cuatro patas.
¿Qué relación
pueden tener una periodista y un caballo?
Una muy
estrecha y necesaria. Por más alta que sea la loma, por más lejano que se
vislumbre el horizonte, y por más destructiva o intransitable que esté la
carretera, el caballo representa la resistencia y el acceso. Allí donde la
tecnología falla, donde la señal se pierde y donde los vehículos modernos se
quedan atascados en el fango, ahí está el caballo, listo para avanzar. El
periodismo rural, el de a pie (o a caballo), es el que llega a las realidades
más olvidadas, cruzando ríos y subiendo montañas para darle voz a quienes nadie
escucha.
La vida,
además, tiene una dinámica caprichosa. Es sabia, cambiante y, a menudo,
irónica. Por eso reza el dicho popular: "De esta agua no he de
beber". Nunca escupas al cielo, porque el viento de la vida cambia rápido.
En lo que
canta o pita un gallo, la situación da un giro de 180 grados. Hoy puedes estar
en la comodidad de una cabina de radio con aire acondicionado o en una
redacción moderna en el llano, y mañana la noticia te exige subir a la loma,
calzarte las botas y buscar el transporte más rudimentario para cumplir con tu
deber.
Al final del
día, el buen periodista es como el son del Trío Matamoros: tiene la humildad y
la fuerza de la loma, pero la capacidad de resonar con fuerza en el llano.
La combinación
de la periodista y el caballo es un homenaje a la vocación inquebrantable. Es
el recordatorio de que no existen barreras geográficas ni caminos
intransitables cuando el compromiso es comunicar. Así que, que canten los
gallos y den vueltas los caminos: mientras haya una historia que contar,
siempre habrá una forma de llegar.

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