Por Pablo Vicente
La reciente frase del presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Román Jáquez Liranzo, ha resonado con fuerza en el debate público: "No estamos haciendo empanadas". Aunque la expresión pueda parecer coloquial o pintoresca, encierra una verdad fundamental sobre el fortalecimiento institucional que República Dominicana necesita: la identidad
ciudadana no es un producto de consumo rápido, sino la columna vertebral de nuestra seguridad jurídica.El inicio del
proceso de renovación de la cédula de identidad y electoral para este 2026 ha
despertado, como es natural, cierta ansiedad en la población. Estamos
acostumbrados a la inmediatez, a la cultura del "para ayer". Sin
embargo, cuando hablamos del documento que nos define ante el Estado, la
rapidez debe estar subordinada al rigor. ¿Por qué es tan importante este
"proceso riguroso" al que se refiere la JCE?. En primer lugar, por la
seguridad. En un mundo donde el robo de identidad y el fraude digital son
amenazas constantes, nuestra cédula no puede ser un simple carnet con una foto.
La
implementación de nuevas tecnologías y validaciones biométricas busca que cada
dominicano tenga la certeza de que su identidad es única e inviolable. Como
bien señaló Jáquez Liranzo, se trata de "blindar" nuestra esencia
como ciudadanos. En segundo lugar, por el orden institucional.
La decisión de
organizar la renovación según el mes de cumpleaños es un ejercicio de
planificación que busca evitar el caos y las aglomeraciones que históricamente
han empañado estos procesos.
Es una
invitación a la ciudadanía a ser parte de un sistema organizado, donde la
eficiencia no se mide por la velocidad de la fila, sino por la calidad del dato
registrado. Es comprensible que para muchos la renovación represente un trámite
tedioso. Sin embargo, debemos ver más allá del plástico.
Cada
validación, cada huella escaneada y cada dato verificado es un ladrillo en el
muro que protege nuestros derechos civiles y políticos. Hacer una empanada es
cuestión de minutos; construir un sistema de identidad nacional confiable es
una obra de ingeniería social que requiere precisión.
Al final del
día, es preferible un proceso lento pero seguro, que uno rápido que deje
grietas por donde se cuele la ilegalidad. La identidad es el primer derecho que
nos permite acceder a todos los demás. Que este proceso de cedulación sea el
reflejo de una nación que respeta su propia documentación y, sobre todo, a sus
ciudadanos

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