De Beisbolzone
No fue solo un
campocorto.
Fue un susurro
colombiano que apareció en dos décadas diferentes para cambiar la historia.
Fue Édgar
Rentería.
Nació en 1975 en Barranquilla, Colombia.
Creció en una
tierra de fútbol y calor, donde el béisbol era un deporte extraño.
Su padre, un
inmigrante que soñaba con Grandes Ligas, le enseñó a batear antes de caminar.
"Un
día," le decía, "vas a ser famoso."
Los Marlins de
Florida lo firmaron a los 17 años.
Llegó a las
mayores en 1996.
Tenía 20 años,
una sonrisa tímida y un brazo de oro.
1997. El
primer susurro.
Marlins vs.
Indios. Serie Mundial. Juego 7.
Rentería, de
21 años, conecta un sencillo en la undécima entrada.
Craig
Counsell anota. Los Marlins son campeones.
Édgar es el
MVP de la Serie.
El niño de
Barranquilla es el rey del mundo.
Pero los
Marlins, como siempre, desarman el equipo.
Rentería es
cambiado a los Cardenales. Luego a los Bravos.
Pasa años
siendo excelente, silencioso, olvidado.
2010. El
segundo susurro.
Quince años
después.
Rentería,
ahora con 34 años, tiene 20 en el brazo y la misma sonrisa.
Los Gigantes
de San Francisco, un equipo de underdogs, llegan a la Serie Mundial contra los
Rangers.
Juego 5.
Gigantes arriba 3-1.
Noveno
entrada. Rentería al bate.
El
lanzamiento. Rentería conecta.
Jonrón.
El único hit
del juego para los Gigantes.
El único
jonrón de la serie para Rentería.
Pero el
suficiente.
Los Gigantes
ganan 3-1. Son campeones.
Rentería es
otra vez el MVP de la Serie.
Dos Series
Mundiales. Dos Juegos 7. Dos hits decisivos.
El único
jugador en la historia en ser MVP de Serie Mundial con dos equipos diferentes.
El legado.
Rentería jugó
hasta 2011.
Se retiró con
2,327 hits y un promedio de .286.
Cinco veces
All-Star. Dos anillos. Dos MVPs de Serie Mundial.
Pero su
verdadero legado es el momento.
Édgar Rentería
nos enseñó que la grandeza no siempre es ruidosa.
Que un hombre
callado de Barranquilla puede aparecer en dos décadas diferentes y cambiar la
historia dos veces.
Que no importa
cuántos hits tengas, sino cuándo llegan.
Y que
Colombia, un país de fútbol, también puede producir héroes de octubre.
El susurro que
conectó dos veces en la eternidad.
El campocorto
que nunca pidió reflectores, pero siempre apareció cuando más lo necesitaban.
Un
recordatorio eterno de que los momentos deciden quién vive en la historia.
Y Édgar
Rentería vivió dos veces.

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