Hoy celebramos con profundo orgullo y gratitud los 93 años de vida de nuestro querido padre, Arístides Victoria José (Alemán): un hombre cuya mayor riqueza ha sido siempre su familia y cuyo legado trasciende generaciones.
Hombre
amoroso, cercano y protector, ha sido el pilar firme sobre el que se ha
construido nuestra familia. Su ejemplo de responsabilidad, rectitud y entrega
ha sembrado en hijos, nietos y bisnietos valores que hoy florecen con fuerza.
En cada consejo oportuno, en cada gesto solidario y en cada sacrificio
silencioso, nos enseñó que el verdadero liderazgo comienza en el hogar. Su vida
familiar ha estado marcada por la coherencia entre lo que predica y lo que
practica: respeto, honestidad, trabajo y fe en Dios.
Pero su
compromiso no se limitó al ámbito familiar. Como ciudadano ejemplar, dedicó más
de medio siglo al ejercicio del Derecho, tras graduarse en 1957 en la
Universidad de Santo Domingo, formando
parte de generaciones que creyeron en la ley como instrumento de justicia y
progreso. Su vocación de servicio lo llevó a ocupar importantes
responsabilidades públicas en Nagua y en la provincia María Trinidad Sánchez:
fue Síndico, Fiscal en dos ocasiones, Diputado Constituyente en 1963 y 1966
—siendo el único Constituyente Boshista de 1963 que aún vive—, gobernador y
viceministro en dos ocasiones.
Su trayectoria
pública se distinguió por la integridad y el compromiso con el desarrollo de su
pueblo. No buscó el poder como privilegio, sino como herramienta para servir.
Por ello ha sido reconocido y condecorado por el Poder Ejecutivo, la Fundación
Juan Bosch, el Tribunal Constitucional, la Cámara de Diputados, el Senado de la
República y la propia Universidad Autónoma de Santo Domingo, entre otras
instituciones, como testimonio de una vida entregada al bien común.
Hoy, al
celebrar sus 93 años, no solo honramos su larga vida, sino la huella imborrable
que ha dejado en su familia y en su comunidad. Nos sentimos profundamente
orgullosos de ser sus descendientes, de llevar su nombre y, sobre todo, de
intentar seguir su ejemplo.
Que Dios
continúe protegiéndolo y regalándonos la bendición de su presencia, su
sabiduría y su amor. Su vida es testimonio de que se puede ser grande en el
servicio público sin dejar de ser, ante todo, un hombre de familia.
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