En horas tempranas de la mañana, son mostrados a la prensa los cadáveres de los guerrilleros caídos el día anterior.
"Las FF.AA. anunciaron la muerte de Caamaño junto a sus compañeros en el paraje Nizaíto sección la Orma, de San José de Ocoa. El Contralmirante Ramón Emilio Jiménez hijo, Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, el Mayor General Enríquez Pérez y Pérez y el Brigadier Juan Rene
Beauchamp Javier, mostraron el cadáver de Caamaño a un reducido grupo de periodistas que fue traslado en helicóptero hasta el lugar donde se encontraba el cuerpo sin vida, y los de sus compañeros Heberto Lalane José y Alfredo Pérez Vargas, aunque las FF.AA. informaron que Caamaño había muerto en combate, testimonios posteriores afirmaron que él fue fusilado, luego de estar apresado por tropas del ejército nacional que lo perseguían"."Carlos
Castillo Pimentel que se niega a cumplir la orden del almirante Emilio Jiménez
Reyes de asesinar a Caamaño; Héctor García Tejeda sustituye a Castillo Pimentel
y organiza y dirige el asesinato... al mediodía del lluvioso y frío 17 de
febrero el secretario de las Fuerzas Armadas almirante Ramón Emilio Jiménez
Reyes, ordenó a un cabo y seis rasos quemar a Caamaño hasta desaparecerlo
totalmente, para que los patriotas dominicanos no tuvieran sus restos para
rendirle culto e inspirarse en sus ejemplos históricos, y enterrar a Lalane y
Pérez Vargas... al lado de un camino encharcado a unos cincuenta metros de la
carretera Ocoa-Constanza, estaba el cadáver de Caamaño desnudo y dos
guerrilleros metidos en sacos, el almirante Jiménez Reyes le ordenó que él (quien
hace las declaraciones) y seis militares quemaran a Caamaño hasta que no quede
nada, y si algo queda lo tiran por una furnia para que se los coman los puercos
cimarrones.
A los otros
dos los entierran en sitio y manera que nadie pueda encontrarlos. Unos
extranjeros que estaban con el almirante nos instruyeron cómo quemar a Caamaño
y hacer la tumba de los otros dos. Como había llovido, todo estaba mojado y no
prendía la leña para quemar a Caamaño, se lo informé al almirante Jiménez Reyes
y le pedí gasolina. Vino y se paró entre los pies de Caamaño y le disparó una
ráfaga partiéndolo casi en dos y volándole la cabeza, y dijo "ahora hay
menos que quemar", y ordenó destazarlo para quemarlo mejor "y si
queda algo lo tiran que ese es comida de puerco".
"Pasamos
la tarde enterrando a los dos, partiendo leña, cortando a Caamaño en pedazos y
esperando la gasolina que llegó al anochecer. Durante toda la noche tratamos de
quemar los pedazos de Caamaño, pero la lluvia apagaba la fogata que volvíamos a
prender en medio de un frío tremendo, hasta que se acabó la gasolina, nos
guarecimos de la lluvia y cuando amaneció estábamos solos, recogimos los
pedazos no quemados y los huesos a medio quemar, y en vez de botarlos para los
puercos cimarrones de la zona, los llevamos a la tumba recién hecha.
Hicimos un
hueco y los pusimos encima de los cadáveres, tapándolo luego otra vez como nos
habían instruido los extranjeros, poniendo tierra y apisonándola, luego tablas
de costanera verde, tierra vegetal y la yerba de la zona que habíamos separado
con cuidado". Sostiene el cabo del Ejército Almonte Castro.

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