J.C. Malone/Testigo del tiempo
En el último y decisivo juego de la serie final, las Águilas enfrentan a los Tigres, en el Estadio Cibao; en la quinta entrada detienen el partido. Apagan las luces del terreno. Cuando las encienden, hay un escenario montado, está lleno de artistas haitianos, con Martelly, la estrella, cantando en creole y bailando ga-gá.
Ese caso
hipotético explica lo que habrían sentido muchos estadounidenses durante el
espectáculo de Bad Bunny, todo en español, durante el Super Bowl. Fue fríamente
calculado para enfrentar a Bad Bunny con el presidente Donald Trump, y a los
latinos con estadounidenses blancos. En ciencias políticas le llaman
“alineación estratégica”.
El objetivo es
que Trump destruya a Bad Bunny confirmando lo abusivo y agresivo que es el
presidente. Muchos estadounidenses
son ignorantes, creen que la leche y el azúcar salen del supermercado; en sus
cosmovisiones no existen vacas ni cañaverales. Y ambos partidos lo mantienen
así, para manipularlos con facilidad. Bad Bunny es un gran artista, hizo una
gran presentación, pero lo manipularon políticamente.
Los demócratas
se quedaron con muchísima plata, sin apoyo popular ni agenda política, y
utilizan a Bad Bunny para llenar ese vacío. Bad Bunny pronto cumplirá 32 años;
20 de ellos, lo gobernaron los demócratas, nada memorable hicieron por los
latinos.
Bill Clinton,
Barack Obama y Joe Biden controlaron el Congreso; pero no hicieron la reforma
migratoria. Clinton gobernó los primeros siete años de Bad Bunny, inició el
muro fronterizo, suspendió la asistencia social a los inmigrantes, persiguió,
deportó a muchísimos, y promovió leyes antiinmigrantes. Obama, campeón de
deportaciones, gobernó entre los 15 y los 23 años de Bad Bunny, Biden gobernó
2020-24. Para los demócratas, Bad Bunny es una pieza del gran ajedrez político,
él ignora en cuál tablero participa.
Él es otro
instrumento político demócrata, como los “manifestantes” de Minnesota; está
tirando y recibiendo puñetazos en un pleito ajeno. Bad Bunny no puede pelear
con Trump, ese hombre enfrentó y hundió a Hollywood con todos sus actores.
Poner al artista boricua a pelear contra Trump es tan cobarde, cruel y abusivo
como poner a Ucrania a pelear contra Rusia; sencillamente, abusaron de Bad
Bunny.
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