Por J.C.Malone
Después de capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump anunció que Washington administrará esa nación, su petróleo y múltiples recursos estratégicos.
Aclaró que
sería “muy difícil” para María Corina Machado administrar Venezuela porque “no
tiene el respeto de los venezolanos”. Fue una “tonta útil”, como “líder del
pueblo venezolano”; “ganó” el Premio Nobel de la Paz pidiendo invadir su país;
ahora no tiene el “respeto” de los venezolanos.
Siempre ocurre
así, los líderes populistas se improvisan, los levantan y crecen con la misma
velocidad con la que desaparecen cuando dejan de ser útiles. Creer que Estados
Unidos invertirá lo invertido solo para “entregarle” el poder directamente a
Machado, es infantil.
Washington se
encargará directamente de administrar una nación de 28 millones de habitantes,
para eso necesitará dos cosas.
Una mejor
distribución de las riquezas para tranquilizar a los venezolanos, y una fuerte
presencia militar estadounidense para sofocar cualquier posible levantamiento
armado.
Trump mezcló
la doctrina de Monroe, “América para los americanos” con la política del Gran
Garrote, de Theodore Roosevelt.
Si mantiene
las tropas en la República Dominicana, Trump habrá ocupado, sin guerras, dos
naciones latinoamericanas en muy pocos meses.
Los líderes
cubanos y nicaragúenses deben estar preocupados. Trump advirtió que Gustavo
Petro, el presidente colombiano, “debe cuidarse”. Colombia produce petróleo y
cocaína. Nada dijo sobre México, un
importante productor petrolero, señalado como responsable de introducir cocaína
en los Estados Unidos.
Petróleo, el
objetivo estratégico
Trump dijo que
las petroleras estadounidenses ahora controlarán los hidrocarburos venezolanos
para iniciar su extracción y comercialización.
“Estamos en el
negocio del petróleo, estaremos vendiendo grandes cantidades de petróleo a
muchos países”, dijo Trump; esas ventas serán en dólares. Trump busca salvar el
petrodólar y la supremacía económico-militar estadounidense.
Las
principales refinerías de petróleo estadounidenses, diseñadas para procesar el
petróleo de Venezuela, estaban inactivas; ahora se reactivarán.
La operación
fue puntual: el primero de enero, Arabia Saudita empezó a vender petróleo en
otras monedas, terminando, de hecho y de derecho, el acuerdo del petrodólar.
En la
madrugada del tres de enero Trump toma control del petróleo venezolano.
Es una
operación colonialista clásica, pero Trump insistió en que los venezolanos se
beneficiarán de sus riquezas, eso sugiere una mejor distribución del ingreso en
Venezuela.
Hay una
realidad innegable: entre los animales, los más fuertes someten y se alimentan
de los más débiles; entre las naciones, es igual. Lo único nuevo del
neocolonialismo trumpista sería ofrecerles a los colonizados una mayor
participación en la distribución de sus riquezas, eso no es seguro hasta que
ocurra.
Trump aseguró
que no actuará como otras administraciones, que cambian regímenes, se marchan,
y abandonan a esos países en ruinas, como ocurrió en Libia, por ejemplo.
Quedan algunas
preguntas, demandando respuestas puntuales:
Con el caso
Venezuela “resuelto” ¿participará Trump en una acción israelí contra Irán?
¿Cuánto durará
la ocupación estadounidense a Venezuela y la República Dominicana? ¿Qué
significa esto para el futuro de Ucrania, Rusia se apresurará a controlarla?
¿China dará el paso de invadir a Taiwan?
¿Realmente se
“humanizará” el colonialismo dándole mejor trato a los colonizados?
Sólo el tiempo
tiene estas respuestas.

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