Por Raphy D Oleo, empresario artístico
Sigo sosteniendo la teoría de que lo más dañino para la comunicación es la monetización de las redes. Ello ha permitido la aparición de un grupo de individuos, sin niveles culturales y morales mínimos para ejercer el oficio de comunicador, lo que ha degradado en extremo la profesión periodística.
Es más importante conseguir visualizaciones y
suscripciones a costa de lo que sea, que educar, informar y orientar a una
ciudadanía llevada con anteojeras al matadero de la ignorancia.
Los tráilers de las últimas 2 películas del diario y
pintoresco vivencial del país, nos retrotraen a un asqueante camino de
comportamiento humano pervertido. Un video aparentemente mostrando una agresión
física contra la modelo Amelia Alcántara, quien posteriormente niega que haya
sido víctima de su compañero sentimental, y luego la presentadora de televisión
Tamara Martínez, protagoniza por segunda ocasión, un altercado con el padre de
su hija, presentándolo después como un experimento social. En ambos casos se
logra el objetivo buscado: viralizar los hechos para conseguir el aumento de la
potencialidad de sus redes y las de los busca sonido que se enganchan en la ola
expansiva que generan.
La violencia física va acompañada siempre de la
violencia psíquica o emocional, generando traumas y otros sufrimientos. En el
mundo de hoy la mujer es protagonista de su propio destino, pues no depende
económicamente de un hombre, y su aporte le permite contemporizar en igualdad
de condiciones. Esto la ha llevado a una independencia emocional que la coloca
en un ambiente liberado de los prejuicios sociales de antaño, y que choca de
frente con el machismo intransigente de su compañero sentimental, quien
continúa con la mentalidad de la época de piedra con que fue formado.
Esta nueva visión y la aplicación de la ley de
violencia de género, que debía llamarse ley de protección a la mujer, le
permite la obtención de beneficios marginales cuando es utilizada con malicia
en el marco de la premeditación y la alevosía.
Los más sonados casos de los amores tóxicos en el
ambiente del espectáculo local de los últimos 15 años, tienen el mismo patrón
de mujeres maltratadas y que luego mediante arreglos extrajudiciales, se
retractan y retiran la querella. Omega, Don Miguelo, El Sujeto, Vakeró, El Cata
y La Perversa contra sus parejas respectivas o en un papel invertido Roy Tabaré
y Ala Jaza como víctimas de violencia.
En el plano internacional grandes luminarias fueron
víctimas de violencia física o psicológica. Nombres sonoros no escapan a esta
pandemia: Lady Gaga, Rihanna, La Toya Jackson, Halle Berry, Whitney Houston,
Madonna, Pamela Anderson y Oprah Winfrey, entre otras. Las estadísticas más
conservadoras plantean que el 35% de las mujeres en todo el mundo han sufrido
agresiones.
Llegó el momento de “ponerle el cascabel al gato”. Al
Capone realizó todas las barbaridades y violaciones, y solo fue detenido siendo
acusado de evasión impositiva. Los corruptos nuestros son acusados de todo,
pero solo le temen al lavado de activos. Los pervertidos de hoy le temen, como
el diablo a la cruz, a la ley de protección a menores y adolescentes. A los
acusados le dan donde duele, en el bolsillo, y ningún caso se cae porque
alguien retire una querella.
En el caso que nos ocupa, si alguien se retracta, la
denuncia no se puede quitar, solo se renuncia a realizar las acciones penales a
título privado. El juzgado seguirá con la instrucción de la causa y el
ministerio público continuará con la acusación. Pero con un arreglo fuera del
tribunal, la inasistencia al juicio del agraviado y un ministerio abrumado de
trabajos con mayor trascendencia, solo es cuestión de tiempo para que el caso
caiga en el olvido. La posibilidad de demanda por daños y perjuicios se
descarta, porque la mayoría de los agraviados son parte del juego. Todos los
caminos legales parecen cerrados para desactivar la trama. Entonces solo queda
desenmascararlos públicamente para que “las gatas cojan su propio cascabel”.

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