Envejecientes
narran con melancolía cuanto extrañan a sus hijos
Alexa
Olivero/Diario Libre
Celebrar el día de ese
príncipe azul o del súper héroe de capa invisible es una tarea que los hijos
deberían realizar a diario con los jefes del hogar ya que los padres dentro de
su postura fuerte y protectora tienen un punto débil, sus vástagos, quienes sin
saberlo son el talón de Aquiles de aquel súper hombre.
Este último domingo de julio
se conmemora en República Dominicana el día del padre, pero, ¿valoran los hijos
el sacrifico de ese hombre de hierro que poco a poco desgastó sus fuerzas para
que sus crías las adquirieran?
Juanito Ramírez (nombre
ficticio), de 80 años, con melancolía y la mirada perdida entre las paredes del
asilo donde vive, recuerda a su única hija. “Ella es mi niña, la quiero, la
extraño, si la tuviera en frente le diría que la amo, que se acuerde de mí y
que me hace falta verla”.
Dice que espera que este día
del padre ella vaya a visitarlo. “No busco más nada, la quiero y ella es lo
único que necesito. Los hijos deben querer a su padre; no somos malos, solos
somos humanos”, exclamó suprimiendo una lágrima.
Alberto Gómez (nombre
ficticio) anhela ver a sus tres hijas este domingo, solo para decirle que las
ama, que él entiende que ellas tienen problemas, pero que él no puede salir del
asilo y solo le resta esperar que ellas vayan a verlo.
Relata que el tesoro más
grande en su vejez es recordarlas. Ahora debe conformarse con escucharlas por
teléfono con la esperanza de que un día ellas lo visiten y él pueda apreciar la
sonrisa de sus niñas por lo menos una vez más.
“Adoraba verlas montar, siempre
me acuerdo de eso”, Alberto Gómez
Ser adulto no es fácil, los
problemas siempre van a aparecer. Sin embargo, a veces los hijos pecan al dejar
de hacer las cosas importantes para realizar las urgentes, sin notar que ese
beso o esa caricia de papá un día partirá sin retorno dejando un vacío
irremplazable en el alma, mientras que esas “cosas” urgentes seguirán siendo
parte del diario vivir.
¿Quién es el súper héroe más
digno de admirar? ¿Ese que carga a su pedacito de cielo cuando se enferma o si
se duerme en el carro o en el sofá? ¿Quién es ese que levanta bultos y mochilas
en las mañanas y trabaja sin descanso? ¿Quién persigue bicicletas en los
parques y sostiene el freno de emergencia gritando: ¡frena!? ¿Quién se sienta
en la sala a asechar a ese lobo feroz que atenta contra su princesa? Ese hombre
se llama papá.
“Quieran mucho a sus padres,
no somos malos, solo protegemos a lo que más queremos a pesar de que nadie nos
enseñó cómo hacerlo”.
Pedro Sosa (nombre ficticio)
expresa sonriente que quiere celebrar el Día del Padre contento porque posee de
todo un poco, desde hijos hasta bisnietos. Este año solo espera una visita de
cortesía y un beso de sus tres hijos. “Lo mejor de mi vida es haberlos tenido,
le pido a Dios siempre les dé suerte y salud”.
Tengo la esperanza de que
ellos nunca borren de su mente que los quiero, que siempre seré su papá, nunca
me olvidé de ellos y deseo que cuando no esté ellos puedan seguir mi ejemplo
como padre, añadió. “Espero muchas cosas para el día del padre, demasiadas, ni
siquiera las puedo contar”.
Erick Concepción (nombre
ficticio), un envejeciente observador, cariñoso, con ojos brillantes y un
corazón lleno de amor se pasa los días lanzado piropos y frases de cariño desde
la cama del hogar para ancianos en donde reside con el único fin de alegrar la
jornada laboral de las enfermeras que lo cuidan. “Y un pelo que tiene, ella es
hermosa, que Dios la bendiga”.
Concepción se ha vuelto el
Romeo incondicional que dice frases amorosas y reparte bendiciones a las chicas
que lo rodean. No las enamoro, estoy muy viejo para eso. Solo quiero que sepan
lo hermosas que son y lo mucho que valen ya que desde aquí no puedo decírselo a
mis hijas que son mi mayor tesoro, explicó sosteniendo la mano de una de las
jóvenes.
“Estoy preso aquí, con
problemas de salud, quiero ver a mis cinco hijos, que ellos me atiendan ahora
que soy un viejo enfermo, si supieran cuánto los extraño. No es suficiente con
que ellos llamen a preguntar por mí, quisiera que vinieran a verme, que se den
cuenta que soy su papá y que viajen a visitarme. Ellos están por allá fuera del
país mientras yo estoy aquí, tirado en una cama y aferrándome al recuerdo de
cuando vivíamos todos juntos, eso es lo único que me queda ahora que soy un
viejo enfermo”.
Concepción dice que admira a
sus hijos y más a las hembras, que espera volver a sentir por lo menos una vez
el calor de tener a su descendencia junto a él. Lamenta estar encerrado en la
cama de un asilo extrañado a sus seres queridos mientras las enfermedades lo
desgastan. Sin embargo, se mantiene optimista con el deseo de volver a tener a
sus crías cerca de él.
La vida nos hace aprender a
caminar, hablar y ser independientes para que luego retornemos a la fase
inicial, donde el hombre fuerte del hogar deja su armadura de hierro para ser
igual de frágil que un bebé. Ese hombre valiente y quizás brusco le llaman papá,
quizás no demuestre mucho afecto, pero dentro de postura de jefe está lleno de
amor para dar.

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