Por Hediberto
Pichardo.MA
Cuando sentimos que no
estamos de acuerdo con algo protestamos, nos quejamos, procuramos que se cambie
de actitud.
Protestar es un derecho
humano, desde que estos fueron proclamados el 10 de diciembre de 1948 por la
asamblea general de las naciones unidas reunida en París, Francia.
La historia de la humanidad
nos enseña que han ocurrido protestas por diferentes causas: los trabajadores
por mejores condiciones de vida, los estudiantes en reclamo de mejores condiciones,
los fieles de una iglesia por una determinada medida, los habitantes de un
barrio o comunidad exigiendo mejores servicios, entre otros ejemplos.
En los actuales momentos la
Republica Dominicana presenta en el ámbito político situaciones preocupantes en
este año preelectoral, pues por un lado hay quienes entienden que el actual
mandatario debe optar por una segunda reelección, mientras otra parte de la
población entiende que esto no debe producirse. El congreso nacional ha sido
objeto de esta diatriba.
Las protestas en este país
tienen una historia muy remota que se inició en los años de la conquista y
colonización española.
En esta ocasión nos
detendremos a referirnos a la protesta realizada por la orden de Santo Domingo
o de los dominicos en la persona de fray Antón de Montesino en contra de los
abusos y maltratos de que eran objeto los aborígenes de esta isla por parte de
los colonizadores españoles. Esta acción ha sido conocida como el sermón de
adviento o de Montesino, porque se realizó el 4to domingo de adviento del 1511.
Ese domingo en la iglesia,
en presencia del virrey Diego Colon, de su esposa María de Toledo y de su corte,
además de las personas más adineradas de la colonia, Montesinos pronuncio su
famoso sermón, el cual mostramos a continuación:
"Voz del que clama en
el desierto. Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la
crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué
derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos
indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes
que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con
muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos
y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los
excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los
matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los
doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean baptizados, oigan misa, guarden
las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?
¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no
sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos?
Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar, que los
moros o turcos que carecen y no quieren la fe en Jesucristo".
Dicho sermón fue elaborado
por los sacerdotes de la orden de los dominicos, fundada por Santo Domingo de Guzmán,
quienes vinieron a la isla con la finalidad de dedicarse a la educación de los
hijos de los colonos y de los hijos de los caciques tainos. Estos sacerdotes
eran: fray Pedro de Córdoba, padre Bernardo de Santo Domingo, fray Bartolomé de
las Casas y el mismo Antón de Montesino. De ellos el primero era el vicario y
fue el mismo quien designo a Montesino para que lo pronunciara.
Según refiere el doctor
Franklin Franco Pichardo en su obra Historia
del pueblo dominicano en su 8va edición, una vez concluida la misa, los
jefes políticos: Diego Colon, el tesorero Miguel de Pasamontes, Hernando Colon
y otros importantes personajes se reunieron, en dicha reunión acordaron ir al
convento de los dominicos, una vez allí les exigieron al superior que Montesinos
volviera a la iglesia el domingo siguiente y se retracta de lo que había dicho.
Luego de una fuerte discusión los dominicos dijeron que todos ellos estaban de
acuerdo con el sermón. Para evitar que la discusión desencadenara una situación
que lamentar, acordaron que el fraile Montesino iría nuevamente al templo y que
allí se retractaría.
Al siguiente domingo,
continua dicho historiador señalando, el templo se llenó en toda su capacidad y
nuevamente Montesino pronuncio su sermón, esta vez con mayores argumentos, lo
que desencadeno en un tremendo avispero.
Frente a esta situación
acordaron visitar al rey Fernando el católico. Pero resulto ser que los
explotadores colonizadores fueron apoyados por la orden de los franciscanos,
quienes designaron a fray Alonso de Espinal para que se entrevistara con el el
monarca, mientras que los dominicos designaron al propio Montesino. Una vez en
España, Espinal fue bien recibido por el rey, mientras Montesino paso penurias
para poder lograr una entrevista. Cuando finalmente se produjo dicha entrevista
pudo explicarle al rey la real situación de los aborígenes.
Luego de discusiones se decidió
promulgar las famosas leyes de Burgos, que aunque en teoría procuraban mejorar
o detener los maltratos de que eran objeto los indígenas, en la teoría nada
bueno se pudo implementar en favor de estos, quienes siguieron siendo
explotados por los encomenderos.
La población indígena fue
ciertamente exterminada por los conquistadores y colonizadores españoles en
esta isla, pero el gesto y labor de los dominicos no ha sido olvidado y gracias
a Dios que nos dio a Duarte, el cual en su honor llamo este país Republica
Dominicana.
No siempre que se proteste,
nuestra queja será escuchada, pero debemos insistir, si entendemos que tenemos
la razón. Es un derecho humano y estos no perecen ni se pierden.

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