En tiempo de protesta

martes, 16 de julio de 2019

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com

Por Hediberto Pichardo.MA
Cuando sentimos que no estamos de acuerdo con algo protestamos, nos quejamos, procuramos que se cambie de actitud.
Protestar es un derecho humano, desde que estos fueron proclamados el 10 de diciembre de 1948 por la asamblea general de las naciones unidas reunida en París, Francia.
La historia de la humanidad nos enseña que han ocurrido protestas por diferentes causas: los trabajadores por mejores condiciones de vida, los estudiantes en reclamo de mejores condiciones, los fieles de una iglesia por una determinada medida, los habitantes de un barrio o comunidad exigiendo mejores servicios, entre otros ejemplos.

En los actuales momentos la Republica Dominicana presenta en el ámbito político situaciones preocupantes en este año preelectoral, pues por un lado hay quienes entienden que el actual mandatario debe optar por una segunda reelección, mientras otra parte de la población entiende que esto no debe producirse. El congreso nacional ha sido objeto de esta diatriba.
Las protestas en este país tienen una historia muy remota que se inició en los años de la conquista y colonización española.
En esta ocasión nos detendremos a referirnos a la protesta realizada por la orden de Santo Domingo o de los dominicos en la persona de fray Antón de Montesino en contra de los abusos y maltratos de que eran objeto los aborígenes de esta isla por parte de los colonizadores españoles. Esta acción ha sido conocida como el sermón de adviento o de Montesino, porque se realizó el 4to domingo de adviento del 1511.
Ese domingo en la iglesia, en presencia del virrey Diego Colon, de su esposa María de Toledo y de su corte, además de las personas más adineradas de la colonia, Montesinos pronuncio su famoso sermón, el cual mostramos a continuación:
"Voz del que clama en el desierto. Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe en Jesucristo".
Dicho sermón fue elaborado por los sacerdotes de la orden de los dominicos, fundada por Santo Domingo de Guzmán, quienes vinieron a la isla con la finalidad de dedicarse a la educación de los hijos de los colonos y de los hijos de los caciques tainos. Estos sacerdotes eran: fray Pedro de Córdoba, padre Bernardo de Santo Domingo, fray Bartolomé de las Casas y el mismo Antón de Montesino. De ellos el primero era el vicario y fue el mismo quien designo a Montesino para que lo pronunciara.
Según refiere el doctor Franklin Franco Pichardo en su obra Historia del pueblo dominicano en su 8va edición, una vez concluida la misa, los jefes políticos: Diego Colon, el tesorero Miguel de Pasamontes, Hernando Colon y otros importantes personajes se reunieron, en dicha reunión acordaron ir al convento de los dominicos, una vez allí les exigieron al superior que Montesinos volviera a la iglesia el domingo siguiente y se retracta de lo que había dicho. Luego de una fuerte discusión los dominicos dijeron que todos ellos estaban de acuerdo con el sermón. Para evitar que la discusión desencadenara una situación que lamentar, acordaron que el fraile Montesino iría nuevamente al templo y que allí se retractaría.
Al siguiente domingo, continua dicho historiador señalando, el templo se llenó en toda su capacidad y nuevamente Montesino pronuncio su sermón, esta vez con mayores argumentos, lo que desencadeno en un tremendo avispero.
Frente a esta situación acordaron visitar al rey Fernando el católico. Pero resulto ser que los explotadores colonizadores fueron apoyados por la orden de los franciscanos, quienes designaron a fray Alonso de Espinal para que se entrevistara con el el monarca, mientras que los dominicos designaron al propio Montesino. Una vez en España, Espinal fue bien recibido por el rey, mientras Montesino paso penurias para poder lograr una entrevista. Cuando finalmente se produjo dicha entrevista pudo explicarle al rey la real situación de los aborígenes.
Luego de discusiones se decidió promulgar las famosas leyes de Burgos, que aunque en teoría procuraban mejorar o detener los maltratos de que eran objeto los indígenas, en la teoría nada bueno se pudo implementar en favor de estos, quienes siguieron siendo explotados por los encomenderos.
La población indígena fue ciertamente exterminada por los conquistadores y colonizadores españoles en esta isla, pero el gesto y labor de los dominicos no ha sido olvidado y gracias a Dios que nos dio a Duarte, el cual en su honor llamo este país Republica Dominicana.
No siempre que se proteste, nuestra queja será escuchada, pero debemos insistir, si entendemos que tenemos la razón. Es un derecho humano y estos no perecen ni se pierden.

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