LA BATALLA DEL 30 DE MARZO Y SU VINCULACIÓN A LA LEY DE NATURALIZACIÓN

jueves, 3 de abril de 2014

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com
Por: Marcos José Núñez
PRIMERA PARTE
La separación de Haití el 27 de febrero de 1844, fue el segundo proceso de “independencia” que siguió a la independencia nacional efectuada entre la noche del 30 de noviembre a la madrugada del primero de diciembre de 1821, y a diferencia de la independencia nacional (efímera y pacifica) la segunda fue una lucha bélica bastante larga, que se extendió por unos doce años.
Después de las batallas de Fuente de Rodeo en las afueras del poblado de Neyba, el 13 de marzo y la batalla de San José, mejor conocida como batalla de Azua, el 19 de marzo de 1844, el ejército haitiano de unos 12 o 15 mil hombres, dividido en columnas, una por el norte y otra por el sur, al verse derrotados por el sur del país, la columna del norte avanzo, decidida y amenazante por toda la línea noroeste, para caer con todas sus fuerzas sobre la importante ciudad de Santiago de los Treinta Caballeros.
La tarde del 29 de marzo de 1844, el ejército haitiano dirigido por el general Jean Luis o Juan Luis Pierrot -futuro presidente de la República Haitiana-, estaba situado a unos 40 kilómetros de la ciudad de Santiago, luego haber tomado exitosamente la ciudad fronteriza de Dajabon apenas una semana antes. Ya las tropas dominicanas habían organizado la resistencia interna, tomando posesión de tres pequeñas guarniciones militares haitianas situadas en la periferia de la entonces pequeña ciudad de Santiago. Estas guarniciones fueron rebautizadas por el general y dirigente trinitario, Ramón Matías Mella como los fuertes (fortalezas militares) Dios, Patria y Libertad evocando el lema de nuestro escudo nacional.

Ramón Matías Mella, delegado político de la Junta Central Gubernativa (el gobierno dominicano de la época) en el Cibao, se preparo para debilitar un poco la invasión haitiana implementando una guerra de guerrillas (hostigamiento sorpresivo y rápida retirada) desde San José de las Matas, en la sierra, hacia el suroeste de la ciudad de Santiago, logrando un escaso éxito, pero retrasando un poco al ejército haitiano, hasta que por disposición del gobierno nacional, se designo a José María Imbert como jefe de operaciones de la ciudad de Santiago, de cara a la segura batalla que se presentaría.
Recibió el Gral. José María Imbert la ayuda con tropas del coronel Ramón Santana y Familia (hermano gemelo del Gral. Pedro Santana), de Francisco Antonio (Tito) Salcedo, jefe militar de la ciudad de Dajabon -de la que fue desalojado por el avasallante ejército haitiano- y del comerciante y fabricante de andullos de tabaco, Fernando Valerio López. Ramón Mella astutamente logro averiguar cuál era el plan de batalla de los haitianos y desde San José de las Matas envió un mensajero con la información, determinando con esto que la defensa de Santiago se hiciese con mayor celeridad y en mejores condiciones que antes.
SEGUNDA PARTE
Ya en la mañana del 30 de marzo, el improvisado ejército dominicano de no más de novecientos hombres mal armados y dependientes de “oficiales” con mucho valor pero poca experiencia militar, desfilo hacia la sabana de Santiago, apostándose y repartiéndose entre los tres fuertes que se habían “construido” para hacer frente al haitiano invasor. Barricadas, entrampamientos y hoyos fueron hechos por las tropas dominicanas de aquel lado del Yaque del Norte, en dirección a la hoy provincia de Mao, preparándose para el encuentro que se inicio al mediodía de aquel día histórico para toda la nación.
Luego de verse dificultados por los obstáculos interpuestos por los dominicanos, el ejército haitiano del norte, con unos seis mil hombres bien armados y disciplinados, diviso una tropa dominicana por los alrededores del campito de La Herradura, a la salida de Santiago, procediendo al ataque sin cuartel y de forma inmediata. La artillería dominicana apostada en las improvisadas guarniciones circundantes, descargo repetidas veces el cañoneo sobre los haitianos, quienes no contaban con esa clase de ofensiva bélica, dispersándolos, desconcertándolos y haciéndolos blanco fácil de la mal armada infanteria dominicana
Eran casi las cuatro de la tarde cuando las masacradas tropas haitianas y las exhaustas tropas dominicanas, estaban casi llegando al final del conflicto. El ejército dominicano quedo sin municiones para poder seguir defendiéndose del enemigo invasor, por lo que el comerciante de tabacos, Fernando Valerio López al frente de unos cuantos cientos de soldados (en una movida llena de audacia, improvisación y valor espartano), ordeno la carga del machete en contra del maltrecho y sorprendido ejército haitiano, produciéndole más bajas que las que inicialmente le provoco la artillería y fusilería dominicana, combinadas.
La primera batalla de Santiago o como se conoce mejor, la batalla del 30 de marzo de 1844, fue ganada abrumadoramente por un ejército dominicano variopinto, desorganizado y menos apertrechado que su rival haitiano, infligiéndole 700 bajas (entre muertos, heridos y desaparecidos en combate) mientras que del lado dominicano solo hubo una baja registrada.
Durante la retirada del gral. Pierrot, este se entero de un rumor (probablemente alguna falsa noticia puesta a correr por Ramón Matías Mella)  que daba cuenta que el gral. Charles Herard, presidente de Haití y jefe de la columna del ejército haitiano derrotada ampliamente por el sur, habría alegadamente muerto en combate durante la batalla del 19 de marzo, por lo que se apresuro a cruzar la frontera y al llegar a Cabo Haitiano se entero que Charles Herard aun seguía con vida. Acusado de desertor y de haber huido del campo de batalla, Pierrot no tuvo más remedio que lanzarse en contra del presidente Herard, dando inicio a una cruenta guerra civil que se extendió por casi todo el resto del año 1844 y que resultaría en el derrocamiento de Charles Herard y el ascenso a la presidencia de Pierrot.

El merito de haber ganado este duelo histórico, pertenece a un extranjero, el general Joseph Marie Imbert o José María Imbert, nacido en 1801 en el poblado de Fudlon en Francia siendo hijo de francés y mestiza, criado en Haití, desde donde paso a Cuba y más adelante, se establecería definitivamente en el suelo bendito de la Republica Dominicana. Este pro hombre de las armas dominicanas, se naturalizo como dominicano y fue capaz de hacer por nosotros, los nacidos en esta tierra, lo que ninguno de los dominicanos “de sangre” de aquel tiempo pudo reunir, como valor suficiente para enfrentar a un enemigo mucho más poderoso. No se le puede negar el derecho a la nacionalidad y la facultad legal de naturalización a ningún ser humano por más negro, mestizo, pobre o haitiano que sea, porque sería como negar nuestro origen, negar la esencia de la dominicanidad.

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