Luís Abinader pudo haberse colocado en la equidistancia de
la lucha fratricida del PRD. De haber marcado kilómetros de Hipólito y millas
de Miguel, hoy fuera el líder del partido y seguro candidato presidencial en el
dieciséis, Pero ya se le hizo tarde.
Peor error es continuar en la ruta al precipicio que le
está marcando el PPH aventurándose en una nueva organización con similar futuro
que su líder: el total fracaso con riesgo de hacer un ridículo electoral
histórico, como sería pasar de un 47 por ciento a menos de un 5.
Vargas Vila lo dijo en 1907, hace más de un siglo, creo
que en Prosas Laudes: “el suicidio es libre”. Para anotar más adelante que
cuando la política (la vida) es un martirio, “el suicidio es un deber”.
El vacío de liderazgo que se produjo en el PRD a partir de
las pasadas elecciones le abrió las puertas al relevo que pudo haber sido Luis
Abinader. Pero es obvio que ni él ni quienes le asesoran se percataron de que
la coyuntura demandaba actuar de inmediato, con inteligencia y sigilo,
demarcándose del pasado insensato que significaba Hipólito y del futuro
incierto de Miguel.
En cambio se echó en brazos del PPH en su peor momento,
precisamente cuando se recomponían las fuerzas internas y sólo él despuntaba
como el rostro fresco y promisorio de un partido que saltaba de una frustración
en otra.
Pero le cogió la
noche…
Para Abinader ya es muy tarde. De volver al PRD tendría
que ponerse en la cola probablemente no ya detrás de Miguel sino después de
Guido. Así de dinámica es la política cuando llegan las convulsiones internas
exigiendo cambios en la estructura de los partidos.
Salga pato o gallareta, Miguel Vargas termina su ciclo
partidario en el dieciséis. Si es candidato como todo parece indicar, puede
colarse al poder. Si no, su relevo en el PRD es automático. Incluso, pudiera
darse el caso de que Vargas tenga que negociar la presidencia partidaria antes
de las elecciones.
Si fuera ese el caso, la lógica indica que la negociación
sea con Hatuey de Camps que retornaría a la presidencia que le quitó a la mala
Hipólito Mejía en su afán reeleccionista del 2004. La imagen unitaria que se
daría y los apoyos colaterales al pacto de La Esperanza serían claves para Miguel.
Dentro de ese escenario Abinader no aparece en ningún
sitio. Su alternativa estaría al lado de Hipólito Mejía y su importancia
electoral se reduciría a cero se esfuma la eventualidad de un liderazgo que
simplemente perdió su oportunidad. La historia está repleta de casos similares.
Neney, Orlando,
Pacheco
El retorno de Neney Cabrera es inteligente y constituye un
golpe de efecto que ayuda a Miguel. Tal vez en este momento Neney no tenga gran
significado en el mercado electoral perredeísta, pero con él llega Eligio
Jáquez, litigante de boca dura en la vieja guardia.
Ya antes habían llegado Orlando, Pacheco y Janet Camilo
Ellos no han dicho que regresan con Miguel, pero no es necesario hacerlo.
Volver a la institucionalidad partidaria es abandonar a Hipólito y a Abinader
que se ven cada día más chiquitos y con menos posibilidad la aventura
convergente.
Es probable que en los próximos días se produzcan retornos
aún más dramáticos en el PRD que definirán con mayor claridad el futuro
inmediato de ese partido.
Mientras tanto, Abinader hizo como Chacumbele: ¡Él mismito
se mató!
Por Cesar Medina.

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