Redacción BBC
Hace dos meses, la trágica muerte de una víctima de
violación en India horrorizó a la sociedad y trascendió las fronteras. El eco
de ese crimen no ha dejado de resonar por ser una experiencia sufrida por
tantas mujeres en el mundo. Seis sobrevivientes de violaciones en seis esquinas
del mundo compartieron su historia con la BBC.
Laura Neuman, de 47 años de edad, vive en Annapolis,
Maryland. Cuando tenía 18 años fue violada. Su atacante está en la cárcel
cumpliendo una condena de cadena perpetua por esa violación y otros asaltos
sexuales contra varias mujeres.
"Yo tomaba clases en un centro de estudios superiores
comunitario pero trabajaba como mesera para ganarme la vida. Regresé a casa una
noche –el compañero con quien compartía el arriendo, que también trabajaba en
el mismo restaurante, había salido con su novia- y estaba sola. Serían más o
menos las 12 de la noche o 1 de la madrugada –estaba dormida- cuando escuché un
ruido en el apartamento. Presumí que era mi compañero de vivienda regresando y,
al despertar, sentí una almohada sobre mi cara y una pistola contra mi cabeza.
Así fue como fui violada.
Siguieron días muy oscuros. Desde un principio, me quedó
claro que mis padres no creían que había sido violada y que la policía tampoco
me creía. Ellos pensaron que no había sido violada, que estaba encubriendo un
embarazo o algún tipo de situación dramática y… el caso nunca fue investigado.
Eso me causó un gran estrés porque tuve que enfrentar esto
a solas y, por supuesto, no me estaba nada preparada. Me vi obligada a regresar
a la casa de mis padres y, como se pueden imaginar, si ellos no creían que fui
violada –suponían que algo había ocurrido pero que no era una violación- verse
forzada a vivir en ese ambiente fue algo muy estresante.
No fue hasta que cumplí 21 años que pude mudarme de allí
pero tuve que luchar durante muchos, muchos, muchos años. Algunas veces me
resultaba difícil comer. Nunca pude entablar relaciones íntimas. Mantenía a la
gente a distancia y viví con un miedo constante durante mucho tiempo. Yo diría
que eso sigue así, hoy en día; cada sobreviviente de una violación que he
conocido me dice que el miedo es constante y que nunca desaparece.
Yo llamo eso una muerte en vida. Es como si me hubieran
matado. Es algo muy difícil del cual reponerse y seguir adelante. Realmente no
se logra por completo pero pienso que la clave para cambiar la percepción que
se tiene de este crimen es que más mujeres que han sido violadas hablen
abiertamente al respecto. En algún momento se tiene que tomar una decisión:
avanzar o no hacer nada. Yo saqué un máster en Administración de Empresas y, también
a través de mucho empeño, tuve una serie de empleos exitosos hasta que, a
finales de mis años 30, alcancé mi seguridad financiera.
Así que, 19 años después de mi violación, me obstiné en
que mi caso tenía que reabrirse. Aunque había intentado eso a lo largo de los
años, no había persistido lo suficiente, pero me di cuenta que la persistencia
había rendido frutos en mi carrera y en mis negocios. De manera que inicié una
campaña para que la policía reabriera mi caso. Llamé a todo el mundo hasta que,
finalmente, conseguí el nombre de un detective que había empezado una unidad de
investigación de casos inconclusos. Él tomo el mío y se resolvió en tres días.
La evidencia forense (tomada el día de la violación) había
sido destruida pero resultó que la policía conservó huellas dactilares que,
durante 12 años, habrían podido pasar por una base de datos pero no lo
hicieron. Cuando finalmente se hizo, coincidieron con las huellas de alguien
que había pasado por la cárcel muchas veces.
(Cuando el violador fue condenado) me embargó una
sensación de libertad. Libertad es la mejor palabra para describirlo porque
realmente no hay una clausura emocional. Pero, cuando se hace justicia, uno sí
siente que le han quitado una carga de encima. Fue algo muy dramático para mí;
simplemente quería echarme a dormir por una semana. Me cambió la vida, fue muy
importante.
También se dio que, el día en que instruyeron al acusado
de los cargos, conocí a mi futuro esposo. Fue una pura coincidencia. Así que, a
los 39 años, me casé y tuve dos hijos: un niño y una niña".

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