Por: Nélsido Herasme
Si en esta hora el doctor Dr. José Francisco Peña Gómez
estuviera vivo, los suyos estaríamos celebrando su cumpleaños 76, pero para
nuestro lamento hace casi 15 que nos abandonó.
El líder de muchos dominicanos vino a la luz un 6 de marzo
de 1937, que como los poetas nació, creció y voló hasta el cielo a ocupar el
lugar que Dios le había reservado. Hoy, mezclando dolor y tristeza muchos lo
recordamos.
el vuelo de Peña nos dejó un sabor amargo en nuestras
gargantas y un dolor que aun nos embarga, porque perdimos al maestro y guía,
dejando de oler el perfume de la blanca rosa que adornó el jardín del Partido
Revolucionario Dominicano.
A Peña, en su día, le damos gracias por enseñarnos hacer
política sin odio ni rencores. Gracias, porque a pesar del escarnio al que fue
sometido, supo mantener encendida, hasta la hora de su partida, la antorcha de
la dignidad, el amor y del perdón.
Para muchos Peña seguirá siendo el líder eterno del
glorioso, el mentor de las masas irredentas y el guía más grande que ha
producido la historia de la República Dominicana.
Peña será por siempre el estandarte, el hombre de corazón
puro, el que nunca sintió animadversión y, quien con su ejemplo, enseñó a
soportar con tesón, ardor y estoicismo el látigo inmisericorde de sus
adversarios.
Hoy recordamos aquellos discursos que nos hacían vibrar de
emociones y esa frase suya, que días antes de su partida dejó impresa con todo
el amor que le caracterizó: “Mis enemigos pueden contar conmigo, porque yo los
perdono”…
En este nuevo aniversario los perredeistas seguimos
aferrados al amigo sincero y leal; al generoso y solidario; al artista y poeta
y al símbolo del futuro del gobierno compartido que los dominicanos queremos
construir. A pesar de lo accidentada que fue su vida, Peña nos dejó como legado
su testimonio, su valor y decisión, como muestras fehacientes de que vale la
pena vivir.
Sabemos del drama que padeció y de los rigores del dolor
que sufrió, cuando su familia muy pobre, se vio obligada a huir en 1937 de la
persecución de las bestias trujillistas que habían propiciado una hecatombe
humana en el país.
Los perredeista jamás olvidaremos sus enseñanzas, a pesar
de que traidores, sin juicio y sin corazón están conspirando contra la salud de
su partido.

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