Libro “Caamaño, biografía de una época”, de Hamlet Hermann, será presentado en Feria La Habana

sábado, 26 de enero de 2013

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com


Creen Caamaño fue fusilado con miedo; quemaron restos
Por: José Rafael Sosa/El Nacional
El coronel y comandante guerrillero Román, tras ser capturado vivo, tras ser interrogado en un ambiente distendido y en el cual se dejó sentir inicialmente el respeto por su figura por  los militares que lo apresaron y  que fuera interrogado  por el comandante del pelotón de reconocimiento que lo apresó, incluso sin esposas ni estar amarrado,  fue fusilado y rematado tras recibirse una orden “no expresa”  del entonces presidente Balaguer a los comandantes   de la entonces Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas.

Hermann sostiene que la orden “no expresa”, impartida a los jefes militares  Ramón Emilio Jiménez Reyes, secretario de las Fuerzas Armadas, y Enrique Pérez y Pérez, jefe del Ejército, fue dada por Balaguer, cuando, al ser informado del apresamiento en las lomas del Ocoa, en tono firme y golpeando su escritorio, dijo “en este país no hay cárcel tan grande, como para alojar este hombre”. El primer teniente del pelotón de reconocimiento que lo capturó fue Almonte Lluberes, quien interrogó a Caamaño sin esposarlo ni amarrarlo, lo cual le fue censurado por los altos oficiales que llegaron posteriormente.
El relato detallado de la muerte de Caamaño lo hace Hamlet Hermann  en su libro “Caamaño, biografía de una época” en el que  indica que Caamaño, tratado inicialmente con respeto, cuando llegan los jefes militares  fue llevado a Nizaíto y colocado frente a tres militares a quienes el miedo les hizo aquella inoportuna jugada de la mala puntería al punto de que  dispararon sus  fusiles Fal corta distancia y no pudieron matarlo.
En la fría hierba de Nizaíto, con una neblina gris que desplomaba sobre el ambiente,   el coronel  Héctor García Tejada tuvo que acercarse a aquel cuerpo herido y darle, con su pistola 45, un tiro en la frente, seguido por un  soldado que, ante lo inexorable de aquella muerte, se acercó y le propinó un culatazo en la frente a aquellos restos.
Esta operación  se hizo luego de la selectiva presentación del cadáver de Caamaño a medios de prensa, entre los que estuvo el fotógrafo José Morillo, de El Nacional; Moisés Adolfo Iturbides, Luis Hernández, del diario El Sol; José Goudy Prats, de El Caribe y Antonio García Valoy, del Listín Diario.
Una vez marchados los periodistas, el 17 de febrero, la orden de la jerarquía militar   dispuso que el cuerpo fuera incinerado, para lo cual se usó gasolina y cuyo resultado fue inútil, porque el cuerpo quedó prácticamente igual. Revela que el militar encargado de cremarlo fue el teniente Juventino Matos, jefe de mecánica del Sexto Batallón de Cazadores.
Se ordenó, ante tal situación, que se cortara el cuerpo en trozos pequeños y  quemarlo de esa forma. Tampoco fue posible reducirlos a cenizas, por lo que en  tres fundas plásticas de color verde que fueron  depositadas  en un helicóptero OH6, de la Fuerza Aérea Dominicana, pilotado por el teniente Vicente Peralta, quien se dirigió a la Base Aérea de San Isidro, desde donde fueron trasladadas a un avión de carga C.47 número 3203, que despegó rumbo al sur, probablemente para lanzar las tres fundas al mar en puntos distintos.
Dice que en la pista, un general ejecutivo de la base aérea despidió al oficial de servicio en el área, diciéndole: “¡usted no ha visto nada de esto, coño!” ¿Oquei?”, a lo que el aludido, responde: “entendido, señor”.


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