Creen Caamaño fue fusilado
con miedo; quemaron restos
Por: José Rafael
Sosa/El Nacional
El coronel y comandante guerrillero Román, tras ser
capturado vivo, tras ser interrogado en un ambiente distendido y en el cual se
dejó sentir inicialmente el respeto por su figura por los militares que lo apresaron y que fuera interrogado por el comandante del pelotón de
reconocimiento que lo apresó, incluso sin esposas ni estar amarrado, fue fusilado y rematado tras recibirse una
orden “no expresa” del entonces
presidente Balaguer a los comandantes
de la entonces Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas.
Hermann sostiene que la orden “no expresa”, impartida a
los jefes militares Ramón Emilio Jiménez
Reyes, secretario de las Fuerzas Armadas, y Enrique Pérez y Pérez, jefe del Ejército,
fue dada por Balaguer, cuando, al ser informado del apresamiento en las lomas
del Ocoa, en tono firme y golpeando su escritorio, dijo “en este país no hay
cárcel tan grande, como para alojar este hombre”. El primer teniente del
pelotón de reconocimiento que lo capturó fue Almonte Lluberes, quien interrogó
a Caamaño sin esposarlo ni amarrarlo, lo cual le fue censurado por los altos
oficiales que llegaron posteriormente.
El relato detallado de la muerte de Caamaño lo hace Hamlet
Hermann en su libro “Caamaño, biografía
de una época” en el que indica que
Caamaño, tratado inicialmente con respeto, cuando llegan los jefes
militares fue llevado a Nizaíto y
colocado frente a tres militares a quienes el miedo les hizo aquella inoportuna
jugada de la mala puntería al punto de que
dispararon sus fusiles Fal corta
distancia y no pudieron matarlo.
En la fría hierba de Nizaíto, con una neblina gris que
desplomaba sobre el ambiente, el
coronel Héctor García Tejada tuvo que
acercarse a aquel cuerpo herido y darle, con su pistola 45, un tiro en la
frente, seguido por un soldado que, ante
lo inexorable de aquella muerte, se acercó y le propinó un culatazo en la
frente a aquellos restos.
Esta operación se
hizo luego de la selectiva presentación del cadáver de Caamaño a medios de
prensa, entre los que estuvo el fotógrafo José Morillo, de El Nacional; Moisés
Adolfo Iturbides, Luis Hernández, del diario El Sol; José Goudy Prats, de El
Caribe y Antonio García Valoy, del Listín Diario.
Una vez marchados los periodistas, el 17 de febrero, la
orden de la jerarquía militar dispuso
que el cuerpo fuera incinerado, para lo cual se usó gasolina y cuyo resultado
fue inútil, porque el cuerpo quedó prácticamente igual. Revela que el militar
encargado de cremarlo fue el teniente Juventino Matos, jefe de mecánica del
Sexto Batallón de Cazadores.
Se ordenó, ante tal situación, que se cortara el cuerpo en
trozos pequeños y quemarlo de esa forma.
Tampoco fue posible reducirlos a cenizas, por lo que en tres fundas plásticas de color verde que
fueron depositadas en un helicóptero OH6, de la Fuerza Aérea
Dominicana, pilotado por el teniente Vicente Peralta, quien se dirigió a la
Base Aérea de San Isidro, desde donde fueron trasladadas a un avión de carga
C.47 número 3203, que despegó rumbo al sur, probablemente para lanzar las tres
fundas al mar en puntos distintos.
Dice que en la pista, un general ejecutivo de la base
aérea despidió al oficial de servicio en el área, diciéndole: “¡usted no ha
visto nada de esto, coño!” ¿Oquei?”, a lo que el aludido, responde: “entendido,
señor”.
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