Por Carmen Celeste Mateo/mateocarmen358@gmail.com
¡Joder!. El Rey Tulile ha asomado el gaznate de nuevo.
¡Recórcholis!. El mismo Rey que todos os
habéis vacilado por el encanto de sus locuras, reaparece. El mismo
estereotipado pringao que os ha hecho reír con sus excentricidades y
aspavientos cuando saca el pico.¡Si, el mismo rey!, ¡aunque no siga siendo el
rey, como dice el mariachis!.
Y, a ver, lo que
trae? Pues relata la historia de que se ha propuesto, vale, encarar las
demandas que le han hecho los músicos de su orquesta, los cuales habéis
reclamado el pago de prestaciones y compensaciones legales por abandono y
despidos injustificados, ¡ostia!. Ello según
lo berreado por la gleba musical sublevada, ante lo cual al Rey no le ha
quedado más remedio que refugiarse en su hooka, con sus tejeeringos sin dar
mente al husillo del agua que le gotea. ¡Qué bichos más jodidos estos músicos
sublevados ante el Rey!.
Pero, vamos, vale, una verdadera lástima, porque el tío me
simpatiza, hombre. No podéis negaros, tan controversial, el loco, y para colmo
de madre, sin nada en la radio, que pudiera de alguna manera justificar su
ausencia. En verdad os digo, mis amigos
lectores, sanos y putrefactos, que El Rey Tutile ha abandonado su trono, luego
de haber jugado al Rey de Copas, con sus pampers, su traje de general y el de
su eminencia reverendísima en el que se ha cagado más de una vez, perdiendo la
carta o baraja que os lanzara en el juego de naipes que de por vida ha sido su
carrera, en la que vosotros sabeis que se gana y se pierde. Lo lamento por
Tulile, ¡ostia! pero hoy día no es más que un desmayao.
Recordáis que había tenido una etapa de música buena,
honorable, y digna, que lo había sacado de la dicharachería , y de repente,
hombre, de golpe y porrazo, decidió
retornar al estilo de fandanguería barata, a lo guarro, sin que se percatéis de
que lo tópico no tenía fundamento. ¡Cutre!. No midió que con ello adelantó sin
saber su certificado de defunción como cabecilla de la llamada música de calle, por no haberse percatado de que
estaba pasando de moda. Y os deciros sin atragantarme, porque en el fondo no
hace más que irse por el mismo camino del egollante tocapelotas, de Julián, al que el oro duro se le tornó blandito. ¡Caray!
Y es que en su reinado Tulile se la pasó haciendo cribas,
de la cual había salido butifarro, pero, ¡ojo!
ha terminado su reinado porque el merengue de calle se fue, como María
Se Fue. Si no me creeis, podéis preguntar a Omega, el pobre infeliz que se
pudre en un cárcel, después de meter la balalá y que si no lo sacais pronto, se
lo van a comer los gusanos. Debemos exorcizarlo antes de sacarlo, porque tiene
un bajío custrio.
En fin, Tulile por lo que habéis comprobado tiene una mala
foyá, y hay que tener mandanga con él
para no caer en la gradilla.
Hasta pronto pues, gente y gentuza que me leéis. Ya me voy a quitar el jato, manque pierda un
poco de tiempo, como decimos en Andalucía o Asturias. ¡Púdranse los malos! Que
me tienen bien pechá. No seáis farrucos. Sabéis?.
De Merengada.

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