Orlando Gil/Listin
Diario
EL FRAUDE.- El Partido Revolucionario
Dominicano es el único partido en el mundo al que nunca se le ganan unas
elecciones. Siempre le hacen trampa. El de ahora no fue el Fraude Colosal de
los tiempos de Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez, pero sí el Fraude
Perfecto: Siete de diez encuestas dieron por adelantado ganador a Danilo
Medina, y de igual manera dos o tres hechas a boca o pie de urna el mismo día
de las elecciones, incluyendo la del Conep, y por si hiciera falta, el conteo
rápido de Participación Ciudadana, entidad que trajo con esos fines al inventor
del método.
El resultado de la Junta Central Electoral es el oficial y da al
candidato del PLD como presidente electo, con la validación de los observadores
nacionales e internacionales, quienes no vieron nada que alterara ese producto.
La OEA, por su lado, y siguiendo a dicho organismo, los gobiernos cercanos y
amigos van reconociendo al paso de las horas y los días a las nuevas
autoridades. ¿Qué falta, qué queda? Nada que no sea el hecho cumplido. El 20 de
mayo es agua pasada, y no hay forma de que la devuelva el molino…
EL CENTRO.- El PRD anunció y presentó en
sociedad su moderno centro de cómputos, alabando su eficiencia al extremo de
que dijo que era capaz de detectar fraudes. La sociedad en su conjunto
reconoció ese logro, y se alegró de que ese fantasma, el del fraude,
desapareciera de la vida electoral del país. Los perredeìstas por igual
celebraron la ocasión y consideraron entonces que al candidato Hipólito Mejía
tenían que haberlo convencido de esa maravilla para que consintiera en esa
inversión, que – según los enterados – fue cuantiosa.
Es más, se llegó hablar de ese centro de cómputos como el
Arma Secreta. La que podía destruir a Cartago. Sin embargo, a la hora de
escribir estas notas no se conoce su utilidad. Se informa de un cotejo de actas
que nadie sabe porque es tan lento, si se había dicho que procesaría más rápido
que la Junta Central Electoral. El PRD debió haber tenido el resultado la misma
noche del domingo, y sin embargo, cuando habló a través de uno de sus voceros,
fue para dar cuenta de una boca de urna del Centro Económico del Cibao…
LOS NÚMEROS.- El boca de urna del Centro
Económico del Cibao dio 52.1
a Hipólito Mejìa y 45.1 a Danilo Medina, con
una muestra de 8079, con informes a las 11:30 a.m., 2:30 p.m. y 5:30 p.m.
Incluso, estos porcentajes fueron alterados al ofrecerse al público por uno de
los voceros de prensa del candidato y la Junta Central Electoral se vio
obligada a proceder contra una de las televisoras que cubría el evento. Ese
conocimiento adelantado fue, al parecer, lo que disparó a Enmanuel Esquea
Guerrero, quien demandó del organismo que empezara con sus boletines antes de
la hora prevista. Así se hizo, pero al ir por lana salió trasquilado, pues los
números de la JCE eran diferentes a los que tenía en mente el representante del
partido blanco. Con razón su enojo y desazón con el presidente Roberto Rosario.
Había afilado cuchilla para la garganta de Mejía, y después de esa emisión, que
colocaba a Medina al frente, nada volvió a ser como antes. Los televidentes
vieron a un Esquea Guerrero errático, confuso, pues negaba propiedad a los
boletines, pero no los confrontaba con sus propios números…
LOS BOLETINES.- Cuentan que cuando Esquea
Guerrero urgió a la Junta Central Electoral el inicio de sus boletines, el
acopio de actas andaba por el 3 y algo por ciento. Que los miembros se
consultaron entre sí y que Eddy Olivares, el perredeísta, fue de opinión que se
esperara el diez por ciento, y que el presidente Rosario decidió al computarse
el ocho y algo por ciento. Lo mejor de todo es que esa parte contaba con la
firma de Olivares, que es el miembro de la resistencia, de la disidencia y de
los votos razonados.
No había nada que objetar y dejó que la pelota corriera.
Bien. Bien para él, para la JCE y para el proceso. Aunque el organismo se había
blindado contra toda posibilidad desestabilizadora. Olivares firmó, insisto,
pero en caso de que se hubiera negado, su suplente, Henry Mejía, estaba
uniformado con saco y corbata para entrar en juego y evitar un tranque. Entre
los responsables del proceso no hubo discordia, ni inconformidad, excepto que
Olivares se resintió por la presencia de unos comunicadores a los que se la
tiene jurada por su amistad con el presidente Rosario y que fueron en la
ocasión testigos incómodos. Se sentía vigilado…

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