Óscar Medina/Listin Diario
Lamentable es el calificativo
más indulgente que puede otorgarse a las reacciones de Hipólito Mejía y parte
de sus acólitos ante de la derrota sufrida en las pasadas elecciones. Han sido
incapaces de aceptar sus errores y de hacer el más elemental ejercicio
autocritico.
Están buscando culpables y
actuando como niños malcriados cuando se les quita un juguete, haciendo
pataletas y pretendiendo deslegitimar la victoria del adversario que les venció
en buena lid. Con lo que han dado otra muestra de la pesadilla que le esperaba
al pais si el destino nos hubiese jugado una mala trastada el domingo 20 de
mayo.
Danilo Medina ganó las
elecciones porque su propuesta caló en el electorado, que entendió sus
planteamientos y en clara mayoría se convenció de que era la mejor opción para
dirigir los destinos de la nación. Y será un presidente tan legitimo como lo
fue el señor Mejía en el cuatrienio 2000-2004. O tal vez mas, pues a diferencia
suya, Medina si alcanzó el 50 más uno de los votos, como dispone la
Constitución de la Republica, mientras el -Mejia- se quedo corto.
Danilo venció porque fue capaz
de hacer una campaña organizada, metódica y ejecutada al pie de la letra.
Porque trabajó sin descanso
para hacer llegar su visión a la mayoría de los ciudadanos. No fue por la
supuesta “imposición del Estado” como perversa e injustamente alegan los
derrotados y sus vocingleros mediáticos. Si realmente hubo una diferencia en lo
invertido en la campana se debe a que con la misma organización con que se ejecuto
la campaña de Medina, trabajaron las estructuras dispuestas para la recolección
de recursos. Además, fueron muchos los empresarios e inversionistas, nacionales
y extranjeros, que ante el peligro que representaba el candidato opositor para
la estabilidad del país, acogieron como suya esa candidatura, y la financiaron
generosamente.
Nadie ha mostrado evidencias
del supuesto uso de fondos públicos, y mucho menos la supuesta compra de
cedulas y votos. Algo imposible de pensar en tiempos en que cualquier ciudadano
se puede convertir en reportero sólo con un teléfono móvil, y cualquier pagina,
blog o medio digital difunde las informaciones con una rapidez y alcance que no
tienen muchos medios tradicionales. Por lo tanto, esas denuncias no son mas que
pretextos e invenciones, muy propias de la historia electoral perredeistas.
Que nunca han perdido unas elecciones, pues todas se las han “robado”.
De lo que sí hay evidencias es
de las decenas de metidas de pata que protagonizó Mejía a lo largo del proceso
electoral. Como llamar a los deudores del Banco Agrícola a no pagar sus
acreencias y amenazar con no honrar los compromisos con los suplidores del
Estado, lo que alejó de su proyecto a miles de pequeños, medianos y grandes
empresarios, así como a inversionistas nacionales y extranjeros, que abrieron
sus ojos ante el peligro que representaba una persona como Hipólito en el
Palacio Nacional. Sus declaraciones irrespetuosas contra propios y adversarios,
y hasta contra segmentos tan vulnerables como las trabajadoras domesticas le
costaron a Mejía buena parte del voto de mucha gente que comenzo a ver como nos
encontrábamos al borde de reeditar los mismo patrones que caracterizaron el
periodo 2000-2004.
Sus chistes de mal gusto, sus
imitaciones -que parecían más propias de un” stand-up comedy” que de un
estadista- así como su incapacidad de articular una idea concreta para exponer
que pensaba hacer con este país, obraron para que, a pesar del evidente
hartazgo de una buena parte de la población con la actual gestión, se impusiera
la sensatez y la población optó por dar otra oportunidad al peledeismo y pasar
de este personaje que ya demostró su incapacidad cuando fue Presidente.
Y así como han sido injustos
con el adversario al no reconocer su limpia victoria, han actuado con
perversidad al desatar los demonios en contra de Miguel Vargas, atribuyéndole
responsabilidad en la derrota. Intentan beneficiarse de la coyuntura
postelectoral y de la decepción de las bases perredeistas, con el fin de
impulsar un golpe de mano a la dirección partidaria.
No quieren reconocer que si
Danilo Medina contó con un partido unificado en torno a su candidatura, fue
porque se manejó con humildad y maestría política para conseguirlo.
Agotó todos los plazos y
articuló todas las alianzas internas y externas con el fin de tener a su
disposición el cien por ciento de la maquinaria político electoral que
constituye el partido oficial. Y que si Hipólito no pudo contar con todo el
PRD, fue porque su arrogancia y triunfalismo, ligado a los resentimientos y las
malquerencias personales y de su entorno, les llevaron a patear y maltratar al
presidente perredeistas y a todos sus seguidores.
Fue Hipólito que amenazó y desprecio pública y privadamente a Vargas.
Que demasiado prudente fue
durante el proceso, pues nunca hizo nada en contra de la candidatura de su
partido, a diferencia de lo que hicieron muchos de los principales
colaboradores de Mejía en los procesos del 2008 y del 2010. Por lo tanto, si la
división perredeista jugó un rol en la derrota, el único responsable es
Hipólito Mejía, no Miguel.
Hace muchos años Napoleón
Bonaparte proclamó que la victoria tiene muchos padres y que la derrota es
huérfana. Sin embargo esta derrota del PRD tiene un “Papa”.
Un hombre que después de
conducir a su partido a la 5ta derrota consecutiva, no puede pretender erigirse
en “líder de la oposición”. Ya que para ese partido, en esta coyuntura
traumática de asimilar luego de estar a las puertas del Palacio Nacional, su
única perspectiva de futuro pasa porque Miguel Vargas Maldonado asuma su
liderazgo y se convierta en el interlocutor valido del nuevo Gobierno. Y eso
será así, gústele o no al señor Mejía y su moribundo PPH.

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