Por Z101
ReZeteando: Al
general Candelier por sus viejos espantos.
El general atravesó el campo político para regresar a la
vieja uniformada
Acostumbrado a la cultura de los palos, el general
retirado no renegó su origen y, otra vez, soltó lo propio de su estilo y
esencia: el verbo encandilado de la fuerza.
Fuere por la razón que fuere, en su filípica decimonónica,
el general atravesó el campo político para regresar a la vieja uniformada.
Bravucón y nada mesurado, el ex jefe de la Policía navegó en un torrente de aguas pasadas y
turbulencias desfallecidas.
Cantó y dejó escuchar su eco gris, aunque muy atiplado ya
por las circunstancias cambiantes y los huevos aquellos de la pava que, como
bien debe saber, acaso mudó de sitio.
Quizás fue una prevención o clarinada, lo cierto es que su
clamoreo despertó más risas que espantos. Y, entre otras razones del momento
presente, les hizo recordar a muchos, los candelabros apagados en que se
convierten los jefes de Policía cuando han pasado de moda.
Con un historial erizado de abusos y tropelías policiales,
el general de mano dura, quedó prendido por su propio anzuelo. Habló como si
estuviera actuando…en el cargo.
Réplica de su pasado, las palabras enardecidas del ex
hombre fuerte de la Policía,
cayeron como brasa en las pestañas de una sociedad que, si bien no guarda
rencor, tampoco todo lo olvida…
Y salieron los espantos. Los fantasmas de su traumática
gestión, compartida por dos gobiernos distintos, y una carga que, por más que
se oculte, salpica.
Imprudente y levantisco, el hombre, ahora metido en la
política, intentó desaprobar viejas manías clientelistas, las cuales, antes
como policía, aprobó (omisivamente) desde el poder.
Al parecer, y es la peor parte de su gastada monserga,
Candelier el político no ha hecho la transición completa desde la ruda fusta,
las botas, las chamarras y las charreteras.
Aliado hoy al PRD, antes lo fue de los otros dos grandes
partidos y sus gobernantes. Aunque, a decir verdad, su estirpe pertenece a la
raíz más conservadora del ejercicio coercitivo del país. Un vetusto y siempre
bien preciado ajuar, atesorado por las élites y acicateado en abundancia por la
oligarquía nacional.
Símbolo de la “mano dura” y la “tolerancia cero”, a quien
le ha tocado ahora estar en la acera contraria de su antiguo oficio. Está claro
entonces que las temerarias alusiones a supuestos o reales compradores de
cédulas se quedarán en el limbo espacial de su impaciencia.
Pudo haber dicho o actuado, frente al caso denunciado, de
otro modo y manera, pero su naturaleza férrea lo delató sin remedios. Fue él,
esta vez, la víctima verbal de la intención primaria de sus añejos y
desagradables espantos…policiales.
En algún lado quedó el político relegado y le dio paso al
agente, todavía altivo y montaraz.
Por: Z101digital.com

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