El creciente papel de la Iglesia en Cuba

domingo, 22 de enero de 2012

Publicado por prensalibrenagua.blogspot.com

Juan O. Tamayo/ elnuevoherald.com
Enrique López Oliva recuerda los días cuando algunos católicos cubanos colgaban sus imágenes religiosas en el cuarto de sus abuelas, con la esperanza de que el gobierno comunista de Fidel Castro no se atreviera a castigar a una abuelita.
En las décadas de 1970 y 1980, practicar casi cualquier religión era una mancha en el expediente de los cubanos que podía enviarlos a la cárcel y bloquear sus ascensos en el trabajo o su admisión a los mejores estudios universitarios para sí mismos e incluso para sus hijos.

El Papa Juan XXIII excomulgó a Castro in 1962, algunos sacerdotes negaron la comunión a milicianos, y tres sirvieron de capellanes en la invasión a Bahía de Cochinos, apoyada por la CIA, que trató de derrocar a Castro.
Pero las relaciones entre la Iglesia y el Estado han cambiado mucho desde entonces, y el Papa Benedicto XVI encontrará una atmósfera más cordial cuando visite Cuba del 26 al 28 de marzo para marcar el 400 aniversario de la imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, la santa patrona de la isla.
Hoy en día, la Iglesia en Cuba es casi un socio minoritario en la campaña lanzada por Raúl Castro para mejorar las condiciones de la isla y su pueblo, reduciendo el gobierno y permitiendo más empresa privada.
“El gobierno ve a la Iglesia como una contraparte, alguien con quien puede compartir”, comentó el activista católico exiliado Pablo Alfonso. “Y confía en eso porque sabe que el Vaticano no tiene tanques. Y la Iglesia, que no es [tonta], sabe que, si te dan espacio, lo llenas”.
Ahora se permite a la Iglesia tener decenas de programas educativos y de caridad que antes estaban prohibidos, reparar iglesias que se estaban cayendo e importar artículos religiosos y humanitarios que no estaban disponibles en la isla.
Raúl Castro se ha reunido varias veces con el cardenal Jaime Ortega y Alamino, y aceptó poner en libertad a 52 disidentes encarcelados después de una de estas reuniones. Tambien acceptó su pedido de retirar a las turbas pro gubernamentales que acosaban a las Damas de Blanco.
“A través de este diálogo entre la jerarquía eclesiástica y el presidente Castro, la iglesia ha recuperado bastante del espacio que perdió en los 60, 70 y 80”, afirmó López Oliva, profesor retirado de Historia de la Religión, de la Universidad de La Habana.
La Iglesia y el Estado tuvieron una breve luna de miel luego de que la revolución de Fidel Castro derrocara la dictadura de Batista en 1959, y prometió justicia social y democracia.
Los obispos aplaudieron las leyes de Castro entregando tierras a campesinos pobres y mejores viviendas a los pobres en las ciudades, y condenaron las sanciones de EEUU a Cuba, recordó Alfonso, entonces un miembro del brazo juvenil del grupo lego Acción Católica.
Pero las hostilidades comenzaron un día antes de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, cuando Castro declaró públicamente que su revolución seguiría el camino socialista hacia el comunismo.
Aunque la mayoría de los obispos de la isla eran nacidos en Cuba y sus grupos laicos tendían a ser liberales, una mayoría de sus 800 sacerdotes, hermanos y monjas eran españoles conservadores que no tomaron bien el anuncio de Castro.
“El conflicto que surge entre la Iglesia y la revolución –y en realidad entre partes de la sociedad y la revolución– viene del cambio de Castro hacia el comunismo”, agregó Alfonso, periodista y ex preso político que escribió en 1984 un libro sobre las relaciones Castro-Iglesia.
Castro expulsó a 131 sacerdotes y miembros de órdenes religiosas en el barco Covadonga, incluyendo a Eduardo Boza Masvidal, obispo auxiliar de La Habana, quien más tarde formaría parte de la Iglesia de Cuba en Miami.
El cardenal cubano Manuel Arteaga y Betancourt buscó asilo en las embajadas de Argentina y el Vaticano en 1961, y vivió en las misiones diplomaticas hasta 1962, cuando se enfermó y fue llevado a un hospital católico. Murió en 1963, a la edad de 83 años.
Castro nunca rompió relaciones con el Vaticano, pero le puso controles estrictos a la Iglesia en Cuba. No ejecutó a sacerdotes, y una vez declaró que quería “apóstatas” –los que abandonan su religión– y no mártires.
El sacerdote franciscano Miguel Loredo fue sentenciado en 1966 a 15 años de prisión por darle albergue a un ex seminarista y supuesto fugitivo de la policía, quien más tarde fue identificado como un agente de inteligencia de Castro en una misión de provocación.
“La Iglesia fue reprimida, más que perseguida”, aseguró Juan Clark, un profesor emérito de sociología del Miami-Dade College quien es autor de dos libros sobre la Iglesia en Cuba.
Castro intervino eventualmente todas las escuelas y otros edificios de la Iglesia, cerró todas sus publicaciones y nacionalizó sus imprentas, prohibió las procesiones en las calles y les negó a los funcionarios de la Iglesia el acceso al monopolio de los medios informativos del gobierno.
Castro fundó el Partido Comunista de Cuba en 1965 y canceló las Navidades como una festividad oficial en 1969. La Constitución de 1976 declaró oficialmente ateo al Estado.
Su gobierno atacó a los sacerdotes por promover la “creencia en lo sobrenatural” y tres jóvenes sacerdotes, incluyendo a Ortega, fueron enviados a los notorios campos de trabajo forzado de la UMAP establecidos para opositores, delincuentes y homosexuales a mediados de la década de 1960.
Ya para 1963, la Iglesia había descendido a 200 miembros de órdenes religiosas, y los templos estaban casi vacíos debido a que decenas de miles de católicos abandonaron la Iglesia, se cambiaron a religiones menos conflictivas o huyeron de la isla.
“La Iglesia adoptó la mentalidad de gueto y envejeció con rapidez”, escribió López Oliva en un artículo sobre las relaciones Iglesia-Estado publicado por la revista habanera Temas en el 50 aniversario de la revolución de Castro.
Los jerarcas y activistas de la Iglesia comenzaron a salir de sus caparazones en 1986, con un documento emitido al final de una reunión de una semana conocida como el Encuentro Nacional Eclesiático Cubano, o ENEC.
Aunque defendió muchas de las políticas pasadas de la Iglesia, el documento urgió a la reconciliación y declaró que “la sociedad socialista nos ha ayudado a tener una mayor valoración de la persona humana… nos ha enseñado a dar por justicia lo que antes dábamos por caridad”.
“ENEC es considerado el acontecimiento reflexivo más importante en la historia de las Iglesia Católica de la isla en sus más de cinco siglos de existencia”, aseguró telefónicamente López Oliva a El Nuevo Herald desde su casa en La Habana.
Por esa época, Castro también reexaminaba sus propias posiciones con respecto a la religión durante charlas con el teólogo de la liberación brasileño Frai Betto, y la tambaleante Unión Soviética recortaba sus subsidios a la isla, estimados entre $4,000 y $5,000 millones al año.
Las aguas heladas de las relaciones entre la Iglesia y el Estado empezaron a entibiarse.
En 1991, el Partido Comunista borró su condición de ateísmo y permitió la entrada de creyentes. El gobierno permitió ese mismo año a la Iglesia que abriera una oficina en la isla de su brazo humanitario, Caritas, y que organizara varias procesiones callejeras en 1992.
El papa Juan Pablo II nombró cardenal a Ortega en 1994 —el primer cardenal de Cuba desde la muerte de Arteaga— y Castro visitó Roma en 1996 para invitar al Sumo Pontífice —nacido en Polonia y un conocido anticomunista— a que visitara a Cuba. Castro restableció la Navidad en 1997.
En preparación para la visita sin precedentes del Papa en enero 21-25 del 1998, la Iglesia cubana recuperó más terreno, con permisos para importar materiales necesarios y para que Ortega hablara en la radio y la televisión gubernamentales.
Las bodas por la Iglesia, los bautizos y la asistencia a misas aumentaron, Y las misas nacionalmente televisadas de Juan Pablo a lo largo de la isla atrajeron a cientos de miles, incluyendo a Castro, aunque no hubo señales de que se había retirado su excomunión.
La visita tuvo algunos problemas. Pedro Meurice, entonces arzobispo de Santiago de Cuba, atacó al gobierno en una homilía, lo que se dijo que enojó a Castro. Y los guardas papales encontraron un micrófono oculto en una habitación usada por el Papa. Pero ambas partes parecieron complacidas en general.
“Creo que hemos dado un buen ejemplo para el mundo”, indicó Castro mientras despedía a Juan Pablo II en el aeropuerto. “Usted, visitando lo que algunos dieron en llamar el ultimo bastión del comunismo; nosotros recibiendo al jefe religioso a quien quisieron atribuir la responsabilidad de haber destruido el socialismo en Europa”.
Hoy en día, con Fidel Castro, de 85 años, fuera del poder y sustituido por su más pragmático hermano Raúl, y Cuba en medio de una crisis económica, la Iglesia y el gobierno en la isla han desarrollado una relación más profunda.
“La Iglesia es ahora un socio con Raúl en la búsqueda de un sistema más productivo, más efectivo”, afirmó Clark a El Nuevo Herald, “creando una atmósfera más favorable para una transición sin violencia”.
En una isla donde no se han construido nuevas iglesias desde 1959, el gobierno permitió un nuevo seminario y dio luz verde a renovaciones de varias iglesias, la mayoría pagadas con donaciones desde el exterior. También hizo más fácil que sacerdotes nacidos en el exterior presten servicios en la isla, dijeron representantes de la Iglesia.
Casi cada diócesis grande tiene ahora programas educacionales sobre tópicos como computación e idiomas, cocinas con sopa gratis y dispensarios médicos, bibliotecas, y algunas ofrecen sorteos de comida y otros artículos.
Una parroquia de La Habana usa proyectores de pantalla grande para ofrecer películas gratis los domingos, incluyendo algunas no agradables para el gobierno. Una fue Mao’s Last Dancer ( El último bailarín de Mao), sobre un bailarín chino de ballet quien deserta hacia Occidente.
La mayoría de las iglesias en las grandes ciudades tienen también sus propias publicaciones, aunque el gobierno las mantiene vigiladas. La revista Vitral en Pinar del Río tuvo que suavizar sus críticas del sistema comunista en medio de quejas de funcionarios del gobierno y personeros de la Iglesia.
Una mayoría de obispos y muchos sacerdotes nacieron bajo la revolución y comprenden la situación actual de Cuba, aunque la Iglesia aún tiene poco atractivo para los jóvenes o los cubanos de ascendencia africana, agregó López Oliva.
Lo que es más, la relación entre Castro y Ortega se ha ampliado claramente a temas políticos sensibles.
El convento de San Juan de Letrán en La Habana ha estado albergando discusiones francas sobre la necesidad de cambio en Cuba entre los pensadores católicos y funcionarios del gobierno como Eusebio Leal, el influyente “alcalde” de la Habana Vieja.
Después de que Ortega se reunió con Castro en el 2009, turbas organizadas por el gobierno pusieron un alto al hostigamiento de las Damas de Blanco en La Habana, aunque permanecen bloqueados los esfuerzos de las representantes del grupo en otras partes de la isla para realizar protestas callejeras.
Ortega también hizo el anuncio en el 2010 que Castro había acordado liberar a 52 disidentes encarcelados desde el 2003. Disidentes de línea dura criticaron al cardenal cuando la mayoría de los 52 –y otros 60 también liberados– acordaron ir directamente de prisión al exilio en España.
Clark declaró que el cardenal ha sido demasiado débil en algunas de las negociaciones con el gobierno de Castro y “nunca estuvo en una posición de demandar la libertad de los presos políticos”.
Alfonso rebatió que, sin embargo, Ortega tiene ahora mucho más espacio para trabajar que antes. “Yo no sé si se lo ha ganado o se lo han dado. Pero lo tiene”, subrayó.
Al final, agregó Clark, una Iglesia que ha existe desde hace 2,000 años ciertamente sobrevivirá a sus malos momentos de relaciones inciertas con los gobiernos cubanos.
“La Iglesia busca espacios lentamente, sin heridas”, concluyó Clark. “La Iglesia tiene el tiempo para esperar”.


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