Orlando Gil/Listín Diario
Solicitud
Los perredeÏstas van a tener que solicitar a sus compañeros de la Internacional Socialista que les enseñen cómo se triunfa en unas elecciones y al mismo tiempo se consigue el poder. No es posible que el PRD proceso tras proceso alegue fraude, y como partido se tenga que ver en un “laberinto de espejos”, en que siempre gana, pero otro cobra.
El historiador Frank Moya Pons, en una muy particular versión del Fraude Electoral, l994, que publica en Diario Libre del pasado sábado, dice: “Al regresar a las urnas el 30 de junio, Leonel Fernández, con el apoyo de Joaquín Balaguer, derrotó a Peña Gómez por un escaso margen de 71,741 votos. Los principales líderes del PRD quisieron refutar los resultados mediante la denuncia de un nuevo fraude, pero esta vez Peña Gómez se encontraba muy fatigado y enfermo, y rechazó complacer sus deseos, diciéndoles que el país estaba hastiado de tanto debate político en los dos últimos años. Por tanto, aceptó los resultados y el 16 de agosto de 1996 Leonel Fernández asumió la presidencia de la Republica en una transición pacifica”...
Oficial
Lo que Frank Moya Pons está contando como historia, y de seguro que oficial (por lo menos para el PRD), es que en las elecciones del l996, en que fue electo Leonel Fernández, hubo fraude, igual que dos años antes, esto es, en el 1994, que fue bautizado de colosal. Y que si no se repitieron las tensiones de entonces fue porque José Francisco Peña Gómez estaba “ fatigado y enfermo ” y se entregó sin pelear. Que si no, pudo haber devenido la desgracia que en cada proceso electoral persigue la suerte de esta República. Incluso, hay que subrayar las diferencias. El fraude del 94, como igual se dice del 90, fue de un partido que estaba en el poder contra otro que era de oposición. En un caso el PRD, en otro el PLD. En el l996 fue de un partido que era oposición en combinación con otro que estaba al frente del Estado para perjudicar a un tercero. Es decir, que en esa oportunidad fueron dos contra uno. PLD y PRSC contra PRD. El Reformista tenía fama de ser fraudulento, pero no podía decirse lo mismo del PLD, que era virgen en cuanto al poder. Sin embargo, la historia de Moya Pons lo consigna como autor o cómplice de la irregularidad...
De un lado
Las elecciones del l996 fueron pactadas y realizadas después de haberse tomado una serie de providencias que hacían que el triunfo de José Francisco Peña Gómez y una coalición de partidos fuera un designio del cielo. El país fue sometido a un imperativo político, con dimensión moral. Sin embargo, eso no ocurrió porque un fraude se interpuso de nuevo en el camino del PRD y su entonces líder indiscutible. Esto es, que al partido y candidato que les hicieron un fraude en el l994, volvieron a hacérselo en el l996, a pesar de que tenían instancias nacionales e internacionales a su favor. Entonces hay que rendirse y reconocer que no hay manera de que el PRD escape a su fatalismo. Aunque los hechos no vayan en consonancia con una apreciación a todas luces interesada. No puede olvidarse que eran dos contra uno: la fuerza que quedó en segundo lugar en la primera vuelta auxiliada por la que ocupó el tercer lugar. Además, de que la descalificación se basa en un concepto avieso de democracia. El historiador habla de “escaso margen de 71,741 votos”...
Acotejos
Las reglas de la democracia establecen con qué porcentaje se gana, pero no con qué cantidad de votos. 71,741 votos de diferencia no es un monto despreciable, si se recuerda que diez años antes unas elecciones fueron ganadas con menos. De manera que así como hay fraudes, hay acotejo de fraudes, y en el mundo de las manipulaciones, el manco no puede ser rey. Y no lo es. El problema del PRD no es si la historia lo bendice o lo condena, pues no aspira ser santo, sino como supera ese fatalismo de perder elecciones, inclusive en las mejores condiciones y oportunidades...
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