Hamlet Hermann narra en su libro “Caracoles: La guerrilla de Caamaño”, las últimas horas en la vida del héroe de la Guera de Abril de 1965: "¡Aaah, entonces me van a matar. Viva Santo Domingo libre, c..o! y entonces tronaron los fusiles que acabaron con su vida. Un tiro de gracia en la frente aseguraría que la información sobre su muerte en combate pudiera ser dada de inmediato.
Media hora
antes había sido transmitida la decisión política de asesinar a Román. La orden
de los jefes militares fue transmitida al coronel Héctor García Tejada quien
ordenó al teniente Almonte Castro para que junto al cabo Martínez, chofer del
pelotón de reconocimiento del Sexto Batallón de Cazadores, lo acompañaran.
Al mediodía
del 16 de febrero de 1973, se podía escuchar en la frecuencia de radio usada
por los militares: – A todas las águilas, a todas las águilas, aquí el capitán
Mejía. Tengo al caco mayor.... y entonces corrigió, al coco mayor, al coco
mayor y dos heridos. Francisco Alberto Caamaño Deñó, el legendario coronel de
Abril, había sido hecho preso.
“Dedujimos que
los heridos serían Eugenio y Armando; al primero porque lo habíamos visto
sangrante en medio del trillo y al otro compañero porque habíamos sentido su
fusil cuando silenciaba abruptamente. Si había un compañero con vida ese era
Román, a quien en el código establecido por los militares parece que llamaban
el “coco mayor” ¿Por qué?, no sabía ni tenía tiempo para pensar en eso, pero me
resultaba extraño aquello de “el coco mayor”, explica Hermann en el libro
citado.
El comentario
entre la tropa giraba alrededor de qué se haría con el detenido. Unos quizás
comprometidos con crímenes anteriores clamaban por la muerte inmediata; otros
callaban, eludían miradas directas y asentían con la cabeza ante quienes,
provocadoramente, pedían la cabeza del jefe guerrillero.
A la 1:15 de
la tarde la noticia llegó al despacho del presidente Joaquín Balaguer, y dos
horas después llegaron en helicóptero desde Santo Domingo el contralmirante
Ramón Emilio Jiménez Reyes, secretario de las Fuerzas Armadas, el general
Enrique Pérez y Pérez, jefe de Estado Mayor del Ejército, y el comodoro
Francisco Amiama Castillo, sub-secretario de las Fuerzas Armadas y asistente
del ministro.
El general
Jiménez Reyes conversó con Román, a quien conocía desde los tiempos de la
academia naval donde ambos fueron cadetes del mismo curso.
Amarrado y
sentado sobre un piso de tierra, necesitado de atención médica, ya que tenía
heridas leves, Román se recostaba contra un seto de madera cortada
rústicamente. Sus custodios lo observaban con expresión de asombro en sus
rostros. Parecían no creer lo que veían sus propios ojos.
Cuenta Hamlet
Hermann que la relativa tranquilidad de los guerrilleros fue interrumpida a las
4:00 de la tarde cuando sentimos una inmensa cantidad de disparos; no como en
combate, sino como en un día de Año Nuevo.
¡Mataron a
Román!, habría dicho Hermann a sus compañeros de guerrilla.
Ninguno de los
participantes en el asesinato ha tenido el valor de decir públicamente quién
dio la orden de disparar.
FOTO: Momento
en que presentaban al prisionero Hamlet Hermann a la prensa, el 25 de marzo de
1973. Se puede observar en el centro al general Ramón Emilio Jiménez, y a la
izquierda al general Juan Rene Beauchamp Javier.
Fuente:
Historia Dominicana en graficas

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