TANTO MEDINA COMO
MEJÍA HAN PROMETIDO EN REITERADAS OCASIONES QUE IMPULSARAN UN PROGRAMA DE
ASISTENCIA SOCIAL
Ramón Santos/EFE/Listin Diario
Santo Domingo La República Dominicana elegirá el 20 de mayo a un nuevo
presidente que deberá mantener el crecimiento económico de los últimos años,
reducir la brecha de desigualdad, hacer frente a males como el narcotráfico y
definir una política duradera con el vecino Haití.
Cualquiera que sea el resultado de las votaciones, el
Gobierno que se establezca a partir del próximo mes de agosto tendrá que
decidir sobre una reducción del gasto público y el subsidio al sector
eléctrico, además de ir preparando una reforma tributaria estratégicamente
dilatada por la actual administración.
En esos temas coinciden expertos económicos locales,
críticos con las grandes inversiones del Gobierno en la construcción de la
segunda línea del Metro de Santo Domingo y con la edificación de decenas de
obras de infraestructura, así como con la supuesta "abultada" nómina
estatal.
Otro punto que parece impostergable para las nuevas
autoridades es el relativo a destinar el 4 % del Producto Interno Bruto (PIB) a
la educación, tal y como han prometido los seis candidatos presidenciales,
entre los que se encuentran los favoritos, el oficialista Danilo Medina y el
opositor Hipólito Mejía.
La nación caribeña, de diez millones de habitantes, ha
mantenido en los últimos años, bajo la tutela del presidente saliente, Leonel
Fernández, un crecimiento económico que, de acuerdo a las proyecciones del
Fondo Monetario Internacional (FMI) será de un 4,5 % este año, más del 3,7 %
que augura para la región la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Ese crecimiento, que ha permitido mantener la estabilidad
cambiaria, atraer inversiones extranjeras y, con ello, hacer frente a la crisis
mundial, se plantea como un reto para el próximo Gobierno ante la constatación
de que esa bonanza no se refleja en amplios sectores de la población, aunque
indicadores internacionales afirman que el país ha reducido los niveles de
pobreza extrema.
Combatir un desempleo que ronda el 14 % de la economía
formal, revisar la controvertida ley de seguridad social y afrontar el caos del
transporte público también son tareas del próximo Gobierno dominicano, abocado
a mantener a flote los tres pilares de la economía: el turismo, las remesas y
la industria de zonas francas.
Tanto Medina como Mejía han prometido en reiteradas
ocasiones que impulsaran un programa de asistencia social que otorga a
centenares de miles de familias subsidios para comprar alimentos y gas propano.
Esas promesas hablan también de dotar de medicinas a los
hospitales, y crear incentivos para el sector agropecuario, la industria y las
pequeñas y medianas empresas.
La ubicación de República Dominicana, aprovechada por el
narcotráfico internacional para enviar droga hacia los Estados Unidos y Europa,
según organismos de seguridad, plantea otro serio reto al próximo Ejecutivo.
Ese trasiego, sin embargo, implica que parte de esa droga
se quede en el país y genere a su vez una lucha por su control y distribución,
con el consecuente incremento de la criminalidad y los "ajustes de
cuentas", pues las autoridades locales hablan ya del establecimiento de
carteles con ramificaciones venezolanas, colombianas y mexicanas.
El hacinamiento y las escasas oportunidades de trabajo en
los barrios marginales crean un caldo de cultivo para que los jóvenes se
involucren en el mercado de las drogas con fines meramente económicos.
En cuanto a las relaciones exteriores, República
Dominicana parece inclinada a normalizar sus relaciones con su vecino y segundo
socio comercial, Haití, matizadas históricamente por conflictos y una
ingobernable frontera común de casi 400 kilómetros.
Las dos naciones 'descubrieron', a raíz del devastador
terremoto de enero de 2010 en Haití, donde la solidaridad dominicana fue vital
para evitar el colapso completo de su vecino, que tienen problemas comunes
imposibles de postergar, como la continúa emigración haitiana hacia el lado más
próspero y estable de la isla.
Lo sucedido tras el sismo, la epidemia de cólera, y la
llegada al poder en Haití de un nuevo Gobierno, ha sido aprovechado por ambos
países para reactivar la Comisión Mixta, un espacio que identifica problemas y
esfuerzos comunes para beneficiar a sus habitantes.
El próximo presidente dominicano recibirá una nación con
crecimiento económico, pero con grandes desigualdades sociales y lagunas
institucionales al tiempo que subyacen viejas aspiraciones ciudadanas, como la
solución, de una vez y por todas, de la crisis en el sector eléctrico.

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